El Sáhara Occidental es el mayor asunto de descolonización pendiente en África. Naciones Unidas lo clasifica como territorio no autónomo y sostiene que su población tiene derecho a la libre determinación; Marruecos afirma que el territorio es suyo y ofrece una autonomía, y el Frente Polisario reclama un referéndum que incluya la independencia. Fue colonia española entre 1884 y 1975 y pasó a administración marroquí tras la Marcha Verde, lo que abrió una guerra, un muro de arena de unos 2.700 kilómetros y un exilio saharaui en Argelia que dura medio siglo. A fecha de septiembre de 2026 el referéndum prometido por la ONU en 1991 sigue sin celebrarse y el territorio está partido en dos administraciones de hecho.
Los saharauis y el Sáhara antes de España
El Sáhara Occidental es el territorio menos poblado de África y el segundo del mundo tras Groenlandia, según Wikipedia en inglés. Sus habitantes antiguos fueron pueblos de lengua bereber; el islam llegó en el siglo VIII y más tarde entraron desde el este las tribus árabes de los Beni Hassan, de cuya fusión con los bereberes sanhaya nacieron el pueblo saharaui y su lengua, el hasanía.
Aquí no hubo reinos ni Estados centralizados como los del Sahel. La organización era tribal y nómada: confederaciones de qabilas que se movían entre pozos y pastos siguiendo las lluvias escasas, criaban camellos y vivían del comercio caravanero. La sociedad distinguía tribus guerreras, las hassane, y tribus morabíticas o zawiya, y las decisiones se tomaban en asambleas de notables, la yemaa.
A finales del siglo XIX ese mundo disperso encontró un aglutinante en el jeque Ma al-Ainin, que hacia 1898 levantó Esmara, en la Saguía el Hamra, como ciudad santa y base de la resistencia frente al avance colonial: prácticamente la única ciudad que los saharauis levantaron por sí mismos.
El Sáhara español (1884–1975)
España reclamó la costa sahariana en 1884, el año de la Conferencia de Berlín: en noviembre, Emilio Bonelli firmó un acuerdo con representantes de los Ulad Bu Sba y fundó factorías costeras, la principal de ellas Villa Cisneros, hoy Dajla. Durante medio siglo esa presencia apenas salió de los enclaves costeros: el interior no quedó bajo control efectivo hasta 1934. El territorio se ordenó en dos regiones, Saguía el Hamra y Río de Oro, y en 1958 ambas se unieron en una sola a la que Madrid dio rango de provincia española; ese mismo año, terminada la guerra de Ifni, cedió a Marruecos la franja de Cabo Juby, en torno a Tarfaya.
Los fosfatos lo cambiaron todo. El yacimiento de Bucraa, localizado en los años sesenta y explotado desde 1972, convirtió una posesión marginal en un activo estratégico. A la vez nació el nacionalismo saharaui: el movimiento de liberación surgido en 1967 y, sobre todo, el Frente Polisario, fundado el 10 de mayo de 1973. Presionada en la ONU, España aceptó celebrar un referéndum de autodeterminación y elaboró en 1974 un censo —unos 74.000 saharauis, según Wikipedia en español—, pero nunca lo convocó.
La Marcha Verde, la retirada española y la guerra
El 16 de octubre de 1975 la Corte Internacional de Justicia respondió a la Asamblea General: reconocía vínculos históricos entre algunas tribus saharauis, el sultán de Marruecos y el conjunto mauritano, pero no vínculos de soberanía territorial capaces de alterar el derecho de la población a la libre determinación. Ese mismo día Hassan II convocó la Marcha Verde y el 6 de noviembre unos 350.000 marroquíes desarmados cruzaron la frontera. Con Franco agonizando, España firmó el 14 de noviembre los Acuerdos de Madrid, que instauraban una administración tripartita con Marruecos y Mauritania; el último soldado español se retiró el 26 de febrero de 1976.
España no transfirió la soberanía y Naciones Unidas nunca dio por concluida la descolonización. El 27 de febrero de 1976 el Frente Polisario proclamó en Bir Lehlu la República Árabe Saharaui Democrática. Siguió una guerra en dos frentes y decenas de miles de saharauis huyeron al desierto argelino, a los alrededores de Tinduf, donde siguen. Mauritania se retiró del conflicto en agosto de 1979 y Marruecos ocupó también su parte.
El muro, el alto el fuego y el plan de la ONU
Entre agosto de 1980 y abril de 1987, en seis fases, Marruecos levantó un muro de arena y piedra de unos 2.700 kilómetros —la berma—, con búnkeres, alambradas y puestos de observación cada cinco kilómetros, flanqueado por lo que se considera el campo de minas continuo más largo del mundo. Protegió primero el «triángulo útil» de El Aaiún, Esmara y la mina de Bucraa y acabó llegando hasta Dajla, y dejó del lado marroquí la franja atlántica, con las ciudades y los recursos, y del lado del Polisario la banda oriental y meridional.
El 6 de septiembre de 1991 entró en vigor un alto el fuego negociado por la ONU y se desplegó la MINURSO, encargada de organizar el referéndum. Estaba previsto para 1992 y nunca se celebró: las partes no acordaron quién tenía derecho a votar y Marruecos rechazó como base el censo español de 1974. Fracasaron después el acuerdo de Houston de 1997 y los dos planes de James Baker. En 2007 Marruecos presentó su plan de autonomía: una región con parlamento y gobierno propios, mientras Rabat conservaría la defensa, la moneda y la política exterior. El Polisario lo rechaza y exige un referéndum con opción de independencia.
El 31 de octubre de 2025 el Consejo de Seguridad aprobó la resolución 2797, con once votos a favor y tres abstenciones (China, Rusia y Pakistán): prorrogó la MINURSO hasta el 31 de octubre de 2026 y pidió negociar sobre la base de la propuesta marroquí, al señalar que «una autonomía genuina podría representar el resultado más viable». Marruecos la celebró; el Polisario y Argelia denunciaron que diluye la autodeterminación.
Situación política en 2026: quién administra el territorio
Naciones Unidas clasifica el Sáhara Occidental como territorio no autónomo pendiente de descolonización y mantiene a España como potencia administradora de iure. Freedom House, en Freedom in the World 2025, lo califica de «Not Free» con 4 puntos sobre 100 —0 sobre 40 en derechos políticos y 7 sobre 60 en libertades civiles— y describe libertades civiles «severamente restringidas» en la zona marroquí, sobre todo para el activismo independentista, y también limitadas en la del Polisario.
Sobre el terreno hay dos administraciones separadas por el muro. Al oeste manda Marruecos, que agrupa el territorio en tres regiones a las que llama Provincias del Sur, aplica allí su ley, su moneda y su policía y las representa en su Parlamento; ahí están El Aaiún, Bojador y Dajla y casi toda la población. Al este se extiende la llamada zona libre, casi despoblada, bajo control del Frente Polisario, cuya RASD tiene su aparato real en Rabuni, junto a Tinduf, es miembro de la Unión Africana desde 1982 y la preside Brahim Gali desde 2016.
El alto el fuego se rompió el 13 de noviembre de 2020, tras la crisis del paso de Guerguerat: el Polisario lo declaró terminado y Marruecos sostiene que sigue respetándolo. Desde entonces hay hostilidades de baja intensidad a lo largo del muro. En febrero de 2026, según Security Council Report, el enviado de la ONU Staffan de Mistura reunió en Madrid a todas las partes por primera vez desde 2019.
Las posiciones nacionales han virado. Estados Unidos reconoció en diciembre de 2020 la soberanía marroquí a cambio de la normalización con Israel. España cambió de postura en marzo de 2022: la carta de Pedro Sánchez a Mohamed VI, difundida el 18 de marzo, calificó el plan de autonomía como «la base más seria, creíble y realista», aunque España no reconoce ni la soberanía marroquí sobre el territorio ni a la RASD. Francia fue más lejos: en julio de 2024 Macron escribió que el presente y el futuro del territorio «se inscriben en el marco de la soberanía marroquí», y lo repitió el 29 de octubre ante el Parlamento marroquí.
Para quien viaja, la traducción es sencilla: todo el eje de la N1, de Tarfaya a Guerguerat, está bajo administración marroquí, con controles de gendarmería frecuentes, y el interior al este del muro es inaccesible y está minado. El Ministerio de Asuntos Exteriores español, en sus recomendaciones para Marruecos del 9 de julio de 2026, aconseja «viajar con precaución» y desaconseja el tránsito terrestre a Mauritania.
Economía y recursos
La economía del territorio bajo administración marroquí descansa en la pesca, los fosfatos y el gasto público. Según Wikipedia en inglés, la pesca emplea a dos tercios de la población activa: los caladeros frente a El Aaiún y Dajla están entre los más productivos del continente. Los fosfatos de Bucraa aportan en torno al 10 % de la producción marroquí y llegan al puerto de El Aaiún por la cinta transportadora más larga del mundo, de 98 kilómetros. A eso se suma una fuerte inversión pública de Rabat, con carburante, vivienda y empleo subvencionados, de modo que la economía está muy dirigida por el Estado. La moneda al oeste del muro es el dírham marroquí.
La explotación de estos recursos está en litigio. Un dictamen jurídico de Naciones Unidas de 2002 concluyó que explorarlos «ignorando los intereses y los deseos del pueblo del Sáhara Occidental» vulneraría el derecho internacional, y el Tribunal de Justicia de la Unión Europea resolvió en octubre de 2024 que los acuerdos con Marruecos no se aplican al territorio sin el consentimiento de su población. Al otro lado del muro la economía es de subsistencia: según la Comisión Europea (mayo de 2025) viven en Tinduf unos 173.000 refugiados saharauis en cinco campamentos, y ocho de cada diez dependen de la ayuda humanitaria.
Sociedad: idiomas, religión y cultura
La población ronda los 565.000 habitantes (estimación de 2021 recogida por Wikipedia en inglés), cifra que incluye a los colonos marroquíes llegados desde 1975, hoy mayoritarios en las ciudades; al este del muro viven menos de 10.000 personas. El hasanía es la lengua materna de los saharauis, la administración marroquí funciona en árabe estándar y francés, y el español sobrevive como segunda lengua, sobre todo en los campamentos, por el programa Vacaciones en Paz, que lleva cada año a España entre 7.000 y 10.000 niños. Por carretera uno se entiende en francés y en árabe; el español se oye más que en el norte de Marruecos, pero no conviene contar con él.
La religión es el islam suní de escuela malikí, muy influido por prácticas bereberes preislámicas y tan adaptado al nomadismo que funcionó históricamente sin mezquitas construidas. La cultura gira en torno a la jaima, a la poesía oral y al ritual del té: tres vasos que, según la fórmula saharaui, son «amargo como la vida, dulce como el amor y suave como la muerte». Las mujeres visten la melhfa, una tela de cuatro metros de colores vivos, y los hombres la derraa; en la mesa mandan el cuscús, la carne de camello y el pescado.
Tres consejos prácticos. Vístase con discreción, hombros y rodillas cubiertos. No fotografíe a personas sin pedir permiso y, sobre todo, no fotografíe cuarteles, gendarmes, controles ni instalaciones militares o portuarias: es el motivo más frecuente de problemas. Durante el ramadán no coma, beba ni fume en público a la luz del día, y cuente con que el alcohol es poco accesible. Conviene, además, no opinar en público sobre el estatuto político del territorio.