Mauritania es el puente entre el Magreb árabe-bereber y el África subsahariana: algo más de un millón de kilómetros cuadrados, casi todo Sáhara, con unos 4,65 millones de habitantes según la ficha del MAEC de marzo de 2026. Por aquí pasaron las caravanas de sal y oro, nacieron los almorávides que llegaron hasta Al Ándalus y se instalaron los árabes Beni Hassan, cuya lengua, el hassanía, marca todavía el país. Independiente de Francia desde 1960, ha vivido golpes de Estado, la guerra del Sáhara Occidental y la violencia de 1989 contra los mauritanos negros, y fue el último país del mundo en abolir la esclavitud. Hoy vive del hierro, de la pesca y de un gas recién estrenado; Freedom House la clasifica como «parcialmente libre».
Orígenes y reinos anteriores a la colonización
El poblamiento bereber del actual territorio mauritano arrancó, según Wikipedia, hacia el siglo III, y entre los siglos VIII y X la confederación sanhaya alcanzó su apogeo controlando los pasos del Sáhara occidental. Más al sur se extendía el imperio de Ghana, cuyas ciudades, Kumbi Saleh y Tegdaoust, figuran en la lista indicativa de la UNESCO. Britannica describe el comercio que dio sentido a este desierto: sal sahariana y productos mediterráneos a cambio de oro, con Chinguetti y Oualata como grandes caravasares.
Los primeros árabes musulmanes llegaron a finales del siglo VII e introdujeron el islam. En el siglo XI surgió de las tribus sanhayas el movimiento almorávide, una reforma islámica puritana amazigh según Britannica, que se expandió hasta la península ibérica y, según Wikipedia, conquistó Ghana hacia 1076. Los portugueses aparecieron en la costa en 1442.
Desde el siglo XIII migraron hacia el Sáhara los Banu Maqil, de origen yemení, y con ellos los Beni Hassan. Su choque con las tribus bereberes culminó en la guerra de Char Bouba (1644-1674), el último intento indígena de frenar la conquista árabe: la derrota fijó una jerarquía social duradera e impuso el hassanía como lengua común. Entre los siglos XV y XIX el comercio europeo giró en torno a la goma arábiga.
Colonización
Francia llegó tarde y por etapas. El administrador Xavier Coppolani dirigió desde 1901 la penetración colonial, combinando alianzas con las cofradías religiosas y el uso de la fuerza para someter a los emiratos. El protectorado francés se estableció en 1903 y el territorio pasó a ser colonia de pleno derecho en 1920, según la Wikipedia francesa; la cronología de la Wikipedia inglesa data en 1904 el ingreso en el África Occidental Francesa y en 1912 la incorporación completa. La llamada «pacificación» se prolongó hasta 1934: más de tres décadas de resistencia en el interior sahariano.
La administración colonial fue mínima y remota. Mauritania se gobernó durante décadas desde el Senegal vecino y no tuvo capital propia hasta que Francia decidió levantar Nuakchot casi de la nada, entre 1957 y 1958. Francia dejó un Estado sin apenas infraestructuras, el francés instalado como lengua de la administración y unas fronteras trazadas sobre el mapa que reunieron bajo un mismo gobierno a las poblaciones árabe-bereberes del norte y a las comunidades negroafricanas del valle del río Senegal. Dejó también una primera prohibición formal de la esclavitud, declarada en 1905, que nunca llegó a aplicarse de verdad.
Independencia y construcción del Estado
Mauritania proclamó su independencia el 28 de noviembre de 1960 con Moktar Ould Daddah al frente. En 1964 consolidó un Estado autoritario de partido único y en 1973 dio dos pasos de afirmación nacional: la creación del uguiya, que lo sacó de la moneda heredada de Francia, y la nacionalización de la minería.
El giro fatal llegó en 1975, cuando Mauritania ocupó parte del Sáhara Occidental tras la retirada española. La guerra contra el Frente Polisario resultó ruinosa y precipitó la caída de Daddah en el golpe militar de 1978, encabezado por Mustafa Ould Salek. El país se retiró del conflicto en 1979 y desde entonces mantiene una neutralidad cautelosa. En 1981, por decreto presidencial, fue el último país del mundo en abolir oficialmente la esclavitud.
En 1984 un nuevo golpe llevó al poder a Maaouya Ould Sid'Ahmed Taya, que gobernaría veintiún años. Su etapa quedó marcada por los sucesos de 1989: un incidente entre soldados mauritanos y agricultores senegaleses en Diawara, el 8 de abril, desencadenó matanzas a ambos lados del río —decenas de mauritanos linchados en Dakar y, según Wikipedia, al menos doscientos senegaleses muertos el «martes negro» del 25 de abril— y el desplazamiento de unas 250.000 personas, con la expulsión encubierta de miles de mauritanos negros hacia Senegal y Mali.
Historia reciente (2000–2026)
El largo mandato de Taya terminó en agosto de 2005 con un golpe militar que abrió una transición. Las elecciones de 2007 llevaron a la presidencia al civil Sidi Ould Cheikh Abdallahi, pero en 2008 otro golpe, encabezado por el general Mohamed Ould Abdel Aziz, lo derrocó; Abdel Aziz se legitimó después en las urnas y gobernó hasta 2019.
Entretanto avanzaba, despacio, el desmontaje legal de la esclavitud: en 2007 pasó a ser delito y una ley de 2015 la tipificó como crimen contra la humanidad, con penas de diez a veinte años, según el MAEC, que añade la creación de un tribunal especial en 2024. La práctica va muy por detrás de la ley. Wikipedia registra una única condena efectiva, de seis meses, en 2011, y el Índice Global de Esclavitud cifraba en 90.000 las personas esclavizadas en 2018 y en unas 149.000 en 2023.
En 2019 Mohamed Ould Cheikh Ghazouani ganó las presidenciales en lo que varias fuentes llaman la primera transmisión pacífica del poder desde la independencia. Abdel Aziz fue condenado por corrupción en 2023 y un tribunal de apelación elevó la pena a quince años en mayo de 2025. Mientras el Sahel se descomponía, Mauritania se mantuvo aparte: el MAEC la llama «el país más estable de la región sahelo-sahariana» y no registra atentados terroristas desde 2011.
Política y gobierno en 2026
Mauritania es una república presidencialista de quince regiones o wilayas. El jefe del Estado es Mohamed Ould Cheikh Ghazouani, militar de carrera, en el cargo desde el 1 de agosto de 2019: llegó al poder por las urnas como candidato del partido gobernante, hoy INSAF, y fue reelegido en primera vuelta el 29 de junio de 2024 con el 56,12 % de los votos y una participación del 55,39 %, según el MAEC. Quedó segundo, con el 22,1 %, el activista antiesclavista Biram Dah Abeid. Las próximas presidenciales se esperan en 2029. El primer ministro es Mokhtar Ould Diay, nombrado en agosto de 2024.
Freedom House, en Freedom in the World 2025, lo clasifica como «Partly Free», parcialmente libre, con 39 puntos sobre 100: 15 sobre 40 en derechos políticos y 24 sobre 60 en libertades civiles. No es una dictadura cerrada, pero tampoco una democracia plena: considera «relativamente creíbles» las últimas elecciones, y a la vez señala que exigir cien avales de concejales recorta la competencia, que las protestas poselectorales dejaron al menos tres muertos en Kaédi y veintidós días sin internet móvil, y que los periodistas se arriesgan a ser detenidos por tratar asuntos sensibles.
El MAEC sitúa al país en el puesto 50 mundial de libertad de prensa en 2025 y describe a España y a la UE como socios estrechos en migración, pesca y seguridad: la primera Reunión de Alto Nivel hispano-mauritana se celebró en Nuakchot en julio de 2025.
Economía y recursos
El hierro manda. Las minas de Zuerat, en el desierto del norte, alimentan uno de los trenes más largos del mundo: 704 kilómetros hasta el puerto de Nuadibú desde 1963, con convoyes de hasta tres kilómetros que mueven unos 16,6 millones de toneladas al año y sobre cuyas tolvas viajan pasajeros. La empresa pública SNIM lo explota desde la nacionalización de 1973, y el mineral supone en torno al 40 % de las exportaciones según la Wikipedia francesa, casi el 50 % según la inglesa. El segundo pilar es la pesca: el banco sahariano es uno de los caladeros más ricos del mundo y aporta cerca del 20 % de los ingresos del Estado y unos 40.000 empleos. Hay además oro en Tasiast.
La novedad es el gas. El yacimiento Grand Tortue Ahmeyim, a unos diez kilómetros de la costa sobre la frontera marítima con Senegal y operado por BP, dio su primer gas a finales de 2024 y su primer cargamento de gas natural licuado en abril de 2025, con capacidad para 2,7 millones de toneladas anuales. El PIB fue de 11.000 millones de dólares en 2024, con un crecimiento del 6,3 % y una inflación del 2,5 %; el PIB per cápita nominal previsto para 2026 ronda los 2.720 dólares. La moneda es el uguiya, a unos 43 por euro. La UE absorbe dos tercios del comercio exterior y España es el primer destino europeo de sus exportaciones.
Sociedad: idiomas, religión y cultura
Viven en Mauritania unos 4,65 millones de personas, según el MAEC, en algo más de un millón de kilómetros cuadrados; el 57,7 % vive en ciudades y casi un tercio del total, en Nuakchot. El MAEC divide la población en «beidán» o moros blancos, haratines o moros negros, afromauritanos y mestizos; la Wikipedia francesa calcula un 40 % de haratines, un 30 % de beidanes y un 30 % de grupos negroafricanos, sobre todo peul, soninké y wolof. Ese equilibrio es el nervio político del país: Freedom House subraya la discriminación que sufren afromauritanos y haratines.
El árabe es la lengua oficial; el pular, el soninké y el wolof son lenguas nacionales, pero en la calle se habla hassanía, el árabe del Sáhara, y por carretera el francés es lo que más servirá al viajero. El islam suní malikí es religión de Estado y lo practica, según la Wikipedia francesa, más del 99 % de la población. La UNESCO ha inscrito el parque nacional del Banco de Arguin (natural, 1989) y los antiguos ksur de Ouadane, Chinguetti, Tichit y Oualata (cultural, 1996), con sus bibliotecas de manuscritos.
La música la sostienen los griots de la casta iggawin, con el laúd tidinit y el arpa ardín; en la mesa, el thieboudienne de pescado y arroz, el cordero asado y el té con menta servido desde lo alto. Conviene vestir de forma discreta, pedir permiso antes de fotografiar a personas, no apuntar nunca a instalaciones militares o policiales, respetar el ayuno en público durante el ramadán y dar por hecho que no habrá alcohol.