Yibuti
Lac Assal · Fishercd · Public domain
HISTORIA Y CONTEXTO · YIBUTI

Historia de Yibuti

Orígenes, colonización, independencia y situación actual — para leer o escuchar durante el viaje.

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Yibuti es un país diminuto —unos 23.200 kilómetros cuadrados y poco más de un millón de habitantes— encajado entre Etiopía, Eritrea y Somalia, frente al estrecho de Bab el-Mandeb. Su historia es la de un cruce de caminos: sultanatos afares y somalíes islamizados desde muy pronto, una colonia francesa nacida en 1862 para servir de puerto y de cabeza del ferrocarril a Adís Abeba, y una independencia tardía, en 1977. Desde entonces lo gobiernan dos hombres de la misma familia, y desde 1999 Ismail Omar Guelleh. Hoy vive del puerto por el que respira Etiopía y del alquiler de bases militares a cuatro potencias. Es estable, caro y, según Freedom House, no libre.

Orígenes y reinos anteriores a la colonización

El rincón del Cuerno de África que hoy ocupa Yibuti aparece en los textos egipcios como parte del país de Punt, la tierra de la mirra y el incienso citada desde el tercer milenio antes de nuestra era, y más tarde quedó dentro del radio de influencia del reino de Aksum. La verdadera bisagra fue el islam: la proximidad de la península arábiga hizo que las poblaciones somalíes y afares de esta costa figuren entre las primeras del continente en abrazarlo, muy poco después de la hégira.

De esa islamización nacieron los estados medievales que organizaron el territorio. El sultanato de Ifat, fundado en 1285 por la dinastía Walashma con centro en Zeila, fue derrotado por el emperador etíope Amda Seyon I en 1332; su heredero, el sultanato de Adal, llegó a controlar buena parte de lo que hoy son Yibuti, Somalilandia, Eritrea y zonas de Etiopía. Más cerca en el tiempo, los sultanatos de Tadjoura y de Obock dominaban los puertos y las rutas de caravanas que subían la sal del lago Assal —a 155 metros bajo el nivel del mar, el punto más bajo de África— hasta el altiplano etíope, y la cambiaban por sorgo, café y marfil. Esas caravanas de camellos siguen siendo la imagen del lago.

Colonización

Francia llegó por el mar y por el comercio. En 1862 compró a los sultanes locales el fondeadero de Obock, y entre 1883 y 1887 firmó una serie de tratados con jefes afares y somalíes que ampliaron su protectorado. En 1894 Léonce Lagarde estableció una administración permanente y bautizó el conjunto como Côte française des Somalis, la Costa Francesa de los Somalíes; en 1896 la capital se trasladó de Obock a la ciudad de Yibuti, fundada sobre un buen abrigo natural.

La razón de ser de la colonia fue el ferrocarril. Las obras de la línea franco-etíope empezaron en 1897, el primer servicio comercial se abrió en 1901 y el tren alcanzó Adís Abeba en junio de 1917: desde entonces Yibuti es la salida al mar del interior etíope, y eso explica casi todo lo demás. La Segunda Guerra Mundial dejó al territorio del lado de Vichy; en junio de 1940 las tropas italianas ocuparon cerca de un tercio de la colonia, los británicos la bloquearon y hacia 1942 unos cuatro mil soldados británicos entraron en la ciudad, mientras un batallón local participaba en 1944 en la liberación de París.

Francia dejó la lengua, el trazado urbano, el código administrativo y una frontera que separa a afares y somalíes issas de sus parientes de Etiopía y Somalia.

Independencia y construcción del Estado

La descolonización fue lenta y disputada. En el referéndum de 1958 el territorio votó seguir vinculado a Francia, con un voto somalí mayoritariamente contrario y denuncias de manipulación. El de 19 de marzo de 1967 repitió el resultado, también empañado por el fraude y por la expulsión de unos diez mil somalíes; a continuación la colonia pasó a llamarse Territorio Francés de los Afares y los Issas, un nombre que reconocía por fin a los dos pueblos del país. La consulta del 8 de mayo de 1977 dio un 98,8% a favor de la separación y el 27 de junio de 1977 Yibuti fue independiente, ingresando ese mismo año en Naciones Unidas.

El primer presidente, Hassan Gouled Aptidon, convirtió el país en un Estado de partido único en 1981 al declarar su Agrupación Popular para el Progreso (RPP) única formación legal. La Constitución vigente data del 4 de septiembre de 1992, muy inspirada en el sistema francés aunque con algunos elementos de la sharía. Entre 1991 y 1994 el Estado libró una guerra civil contra el FRUD, guerrilla predominantemente afar, que firmó un acuerdo de paz en diciembre de 1994. En 1999 Gouled se retiró a los 83 años y le sucedió su sobrino Ismail Omar Guelleh; el acuerdo definitivo que cerró el conflicto se selló el 12 de mayo de 2001.

Historia reciente (2000–2026)

El siglo XXI convirtió la posición de Yibuti en su principal industria. Estados Unidos arrendó en 2002 el antiguo cuartel francés de Camp Lemonnier —contrato renovado en 2014 por veinte años y unos 63 millones de dólares anuales—, Francia firmó en 2011 un tratado de cooperación de defensa en vigor desde 2014, Japón abrió aquí su única base permanente en el exterior y China inauguró en 2017 su primera instalación militar en el extranjero. España despliega aquí el destacamento Orión y participa en la operación Atalanta de la Unión Europea contra la piratería.

En paralelo llegaron las grandes obras: el ferrocarril eléctrico de vía estándar entre Adís Abeba y Yibuti, de 759 kilómetros y unos 4.500 millones de dólares financiados sobre todo por el Eximbank chino, se inauguró en 2016 y 2017 y arrancó el servicio comercial el 1 de enero de 2018, con terminal en Nagad, junto al aeropuerto de la capital; también se construyó el puerto de Tadjoura. La política interior se fue cerrando: una enmienda constitucional de 2010 suprimió el límite de mandatos y Guelleh fue reelegido en 2005, 2011, 2016 y 2021. En agosto de 2021 hubo choques entre afares e issas en varios barrios de la capital. Una reforma constitucional de noviembre de 2025 eliminó el límite de edad de 75 años y permitió que Guelleh, de 78, volviera a presentarse en abril de 2026.

Política y gobierno en 2026

Yibuti es formalmente una república presidencialista, con una Asamblea Nacional unicameral de 65 diputados elegidos cada cinco años. A fecha de septiembre de 2026, según la ficha país del Ministerio de Asuntos Exteriores de España (mayo de 2026), el jefe del Estado es Ismail Omar Guelleh, en el poder desde 1999, cuando sucedió a su tío; las últimas presidenciales se celebraron el 10 de abril de 2026 y las ganó con el 97,81% de los votos. El primer ministro es Abdoulkader Kamil Mohamed, nombrado en marzo de 2013. La misma fuente describe el sistema como de partido único dominante, con oposición en el Parlamento solo desde 2013.

En la práctica se trata de un régimen autoritario con formas electorales. Freedom House, en Freedom in the World 2025, clasifica al país como «Not Free» con 24 puntos sobre 100 —5 sobre 40 en derechos políticos y 19 sobre 60 en libertades civiles— y señala que la actuación de la oposición está severamente limitada y que los periodistas críticos son acosados o detenidos. Reporteros Sin Fronteras sitúa a Yibuti en el puesto 167 de 180 en 2026 y afirma que no hay ningún medio independiente radicado en el país. El Exterior español desaconseja las franjas fronterizas con Eritrea y Somalia por la presencia de minas sin desactivar. España no tiene embajada residente y se relaciona con el país desde Adís Abeba.

Economía y recursos

Yibuti no vive de lo que produce, sino de por dónde pasa. Los servicios —puerto, logística, zona franca, telecomunicaciones y banca— suponían en torno al 85% del PIB en 2023, frente a un 14% de industria y apenas un 1% de agricultura. El Banco Mundial cifra el PIB en unos 4.600 millones de dólares y el PIB per cápita entre 3.900 y 4.250 dólares según la serie consultada. La moneda es el franco yibutiano, muy estable: un euro equivalía a 206,3 francos en diciembre de 2025.

La clave es Etiopía, que perdió su salida al mar con la independencia de Eritrea en 1993 y canaliza por aquí su comercio exterior: es el destino del 58,42% de las exportaciones yibutianas, por delante de China (15,82%) y Estados Unidos (7,04%), mientras los principales proveedores son China, Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos y Francia. A ello se suman el alquiler de las bases militares extranjeras, que pagan decenas de millones de dólares al año, la sal del lago Assal y un turismo pequeño pero singular, centrado en el buceo y en los tiburones ballena que se concentran en el golfo de Tadjoura entre noviembre y febrero. Los puntos débiles son crónicos: paro del 26,2% en 2023, deuda externa en torno al 64% del PIB en 2024 y una fuerte exposición a las crisis del mar Rojo.

Sociedad: idiomas, religión y cultura

Viven en Yibuti algo menos de 1,2 millones de personas, y cerca de 976.000 en la propia capital: es casi un país-ciudad. Las fuentes consultadas describen dos grandes grupos de población, los somalíes —en torno al 60%— y los afares, alrededor del 35%. Las lenguas oficiales son el francés y el árabe, mientras el somalí y el afar tienen rango de lenguas nacionales y son las de la calle; en carretera y en cualquier gestión oficial el francés es lo que funciona. El islam suní es la religión del Estado y agrupa a cerca del 95% de la población. La esperanza de vida ronda los 66 años.

La cocina mezcla influencias somalíes, afares, yemeníes, francesas e indias: el lahoh del desayuno, los guisos con arroz, el fah-fah de carne y las sambusas. El khat, que llega a diario desde Etiopía, marca el ritmo de las tardes. La fiesta nacional es el 27 de junio. Yibuti es Estado parte de la Convención del Patrimonio Mundial desde 2007, pero no tiene ningún bien inscrito: solo una lista indicativa de diez sitios.

Para quien viaja, tres cautelas. Conviene vestir con discreción. Está prohibido fotografiar edificios públicos, bases militares y residencias de autoridades, y no se fotografía a nadie sin permiso. El ramadán de 2027 empieza en torno al 8 de febrero y durante el día se come y se bebe con discreción.

Fuentes y para profundizar