Seychelles es el caso más nítido de África de un país sin población anterior a la colonización: las 115 islas del archipiélago estaban deshabitadas cuando Francia las anexionó en 1756 y las bautizó con el apellido de un ministro de Luis XV. De la plantación esclavista nació una sociedad criolla que hoy habla seselwa, inglés y francés. Independiente desde el 29 de junio de 1976, sufrió un golpe de Estado en 1977 y catorce años de partido único socialista antes de recuperar el multipartidismo en 1993. Desde entonces ha encadenado dos alternancias pacíficas, en 2020 y en 2025, y Freedom House la clasifica como libre con 80 puntos sobre 100. Vive del turismo y del atún, y protege cerca de la mitad de su territorio.
Orígenes y reinos anteriores a la colonización
Seychelles no tuvo reinos ni pueblos anteriores a la colonización, y esa ausencia es el punto de partida de todo lo demás: las islas estaban vacías de habitantes cuando llegaron los europeos. El archipiélago se sitúa a unos 1.500 kilómetros al este del continente africano y sus 115 islas —cuarenta y dos graníticas, restos de un antiguo supercontinente, y setenta y tres coralinas— suman apenas 455 kilómetros cuadrados de tierra firme repartidos por un océano inmenso.
Los navegantes árabes y austronesios de la ruta del Índico conocían estas aguas, pero no dejaron asentamiento permanente. La Wikipedia en español atribuye a Vasco da Gama un avistamiento el 15 de marzo de 1503; para la Enciclopedia Británica, el primer desembarco documentado es el de una expedición de la Compañía Británica de las Indias Orientales en 1609, que describió unas «islas deshabitadas». Durante el siglo XVII y buena parte del XVIII fueron sobre todo una aguada donde cargar agua, tortugas y madera, y un refugio de corsarios del Índico. Esa falta de sustrato precolonial explica que toda la identidad seychelense —lengua, cocina, música— sea una creación posterior, nacida ya dentro del sistema colonial.
Colonización
Francia llegó primero. Lazare Picault exploró el archipiélago en 1742 y 1744 y en 1756 el capitán Nicholas Morphey depositó en Mahé una «piedra de posesión» que formalizó la anexión. El nombre honra a Jean Moreau de Séchelles, ministro de Finanzas de Luis XV; los británicos lo transformarían después en Seychelles. El poblamiento fue obra del sistema de plantación: colonos franceses llegados de Isla de Francia con población esclavizada de África oriental y Madagascar para cultivar algodón, especias y cereales. De ese encuentro forzado nació el criollo seselwa.
Las guerras napoleónicas cambiaron la bandera. Tras la rendición de Mauricio en 1810 las islas pasaron a manos británicas y el Tratado de París de 1814 las cedió formalmente. Londres las administró como dependencia de Mauricio hasta 1903, cuando se convirtieron en colonia de la Corona con administración propia. La abolición de la esclavitud en la década de 1830 obligó a los plantadores a virar hacia cultivos menos intensivos en mano de obra —coco, vainilla y canela— y Victoria recibió además africanos liberados de barcos negreros interceptados por la Royal Navy. En 1948 se introdujo un Consejo Legislativo con miembros electos, primer esbozo de vida política local. El legado es visible: derecho y administración británicos, catolicismo y toponimia franceses, lengua criolla de base francesa.
Independencia y construcción del Estado
La descolonización fue tardía y negociada. El Reino Unido concedió el autogobierno en 1975 y la independencia el 29 de junio de 1976, dentro de la Commonwealth. El primer presidente fue James Mancham, partidario de una república abierta al turismo internacional y a los vínculos con Occidente; su primer ministro era France-Albert René, de orientación socialista.
El equilibrio duró poco más de un año. En 1977, con Mancham en el extranjero, René tomó el poder mediante un golpe de Estado y ocupó la presidencia. Una nueva Constitución convirtió al país en un Estado socialista de partido único, con el Frente Progresista del Pueblo de Seychelles como única formación legal. Fueron años de economía dirigida y de fuerte inversión pública en educación y sanidad —de ahí los buenos indicadores sociales actuales—, pero también de exilio opositor e intentos de desestabilización.
La presión internacional posterior a la Guerra Fría forzó el giro. René anunció en 1991 el regreso al multipartidismo y en 1993 una nueva Constitución, aprobada en referéndum, restableció las elecciones competitivas; sigue siendo la norma fundamental vigente. René las ganó y fue reelegido en varias ocasiones, de modo que la apertura formal convivió durante toda la década con la continuidad del mismo partido en el poder.
Historia reciente (2000–2026)
René dimitió en abril de 2004 y entregó la presidencia a su vicepresidente, James Michel, reelegido en 2006, 2011 y 2015. La época estuvo marcada por la dependencia del turismo, un endeudamiento elevado y la piratería somalí, que llegó a operar en la zona económica exclusiva y empujó al país a cooperar en materia naval con la Unión Europea y España.
El deshielo político llegó por el Parlamento. En 2016 una coalición opositora obtuvo por primera vez la mayoría en la Asamblea Nacional, hito que Freedom House señala como el arranque del pluralismo real. Michel dimitió a finales de ese año y le sucedió su vicepresidente, Danny Faure. En octubre de 2020 el sacerdote anglicano Wavel Ramkalawan, de Linyon Demokratik Seselwa, ganó la presidencia con el 54,9% de los votos: era la primera vez que la oposición conquistaba el Ejecutivo desde 1977, y ocurrió sin violencia.
La segunda alternancia llegó cinco años después. En las generales del 27 de septiembre de 2025 y la segunda vuelta del 9 al 11 de octubre, Patrick Herminie devolvió el poder a United Seychelles con una participación superior al 86%. La campaña giró en buena medida sobre el medio ambiente y, en particular, sobre la cesión por setenta años de la isla de Assumption, vecina de Aldabra, a una cadena hotelera catarí, acuerdo que Herminie prometió cancelar.
Política y gobierno en 2026
Seychelles es una república presidencialista unitaria regida por la Constitución de 1993, según la ficha país del Ministerio de Asuntos Exteriores español actualizada en julio de 2026. El presidente es a la vez jefe del Estado y del Gobierno, elegido por sufragio universal para cinco años. A fecha de septiembre de 2026 el cargo lo ocupa Patrick Herminie, de United Seychelles, que tomó posesión el 26 de octubre de 2025 tras vencer en segunda vuelta a Wavel Ramkalawan por algo menos de cinco puntos; el vicepresidente es Sebastien Pillay. La Asamblea Nacional tiene 34 escaños, 25 electos y 9 proporcionales: United Seychelles obtuvo 19 y Linyon Demokratik Seselwa 15. Las próximas elecciones corresponderían a 2030.
Es una democracia efectiva, no una fachada. Freedom House la clasifica en «Freedom in the World 2025» como Free con 80 puntos sobre 100 —34 sobre 40 en derechos políticos y 46 sobre 60 en libertades civiles— y señala como problemas la corrupción, la prisión preventiva prolongada y la vulnerabilidad de los trabajadores migrantes. Reporteros Sin Fronteras la sitúa en el puesto 35 de 180 en 2026, con 73,04 puntos, tras despenalizarse la difamación en 2021. No hay conflicto armado: el MAEC solo desaconseja navegar por la zona económica exclusiva por riesgo de piratería y advierte de un repunte de robos. España mantiene relaciones desde 1978, sin embajada residente, y la Unión Europea firmó en abril de 2026 un acuerdo de pesca sostenible vigente hasta 2030 que ampara a una treintena de atuneros españoles con base en Victoria.
Economía y recursos
Seychelles tiene la renta por habitante más alta de África y, a la vez, una economía minúscula y muy expuesta. El Banco Mundial cifra el PIB de 2025 en unos 2.390 millones de dólares y el PIB per cápita en unos 19.400 dólares; la ficha del MAEC maneja 2.230 millones según el Fondo Monetario Internacional y un crecimiento del 5,1% en 2025. La moneda es la rupia de Seychelles, con un cambio medio de 17,2 rupias por euro en 2025.
El motor es el turismo: según el MAEC aportó en 2025 en torno al 70% del PIB y el 72% de los ingresos, lo que deja al país a merced de la coyuntura internacional. El segundo pilar es la pesca, y sobre todo el atún: la industria pesquera supuso más del 90% de las exportaciones en 2025, y Victoria funciona como puerto base y centro conservero del Índico occidental. La agricultura apenas alcanza el 2,6% del PIB, de modo que casi todo lo que se come llega en barco. Los principales clientes son Emiratos Árabes Unidos, Francia y el Reino Unido; entre los proveedores, España ocupa el tercer lugar con el 7%. La deuda pública rondaba el 57,6% del PIB en 2024 y el paro es testimonial, un 2,6%, aunque una cuarta parte de la población vivía bajo el umbral de pobreza en 2018.
Sociedad: idiomas, religión y cultura
Viven en el archipiélago unas 122.000 personas, según el Banco Mundial para 2025, casi todas en las islas graníticas —Mahé, Praslin y La Digue— y buena parte en Victoria, la capital. La población es abrumadoramente criolla, en torno al 97%, con minorías india y china. Hay tres lenguas oficiales: el criollo seselwa, materno para más del 90% de los habitantes, el inglés y el francés; por carretera uno se entiende en inglés, lengua de la administración y del turismo. En el censo de 2022 el 74,9% se declaró cristiano —61,3% católico y 5% anglicano—, un 5,4% hindú y un 2,4% musulmán.
La cultura es de matriz africana y francesa. La moutya, danza nacida en la esclavitud, entró en 2021 en el Patrimonio Cultural Inmaterial de la Unesco, y la cocina gira en torno al pescado, el curry de coco y el ladob. El calendario mezcla lo cívico y lo católico: el 1 de febrero recuerda la abolición de la esclavitud, el 18 de junio la Constitución y el 29 de junio la independencia. La Unesco reconoce dos bienes naturales: el atolón de Aldabra, de 1982, que solo se alcanza en expedición marítima de varios días y con autorización previa de la Seychelles Islands Foundation, y el Valle de Mai de Praslin, de 1983, donde crece el coco de mer. Cerca de la mitad del territorio está protegido.
En lo práctico, ninguna nacionalidad necesita visado, pero todo viajero debe tramitar antes de volar la Autorización de Viaje electrónica, de 10,90 euros. Conviene vestir con discreción fuera de la playa y pedir permiso antes de fotografiar a la gente. El alcohol se vende con normalidad y el ramadán, que en 2027 empieza en torno al 8 de febrero, apenas altera la vida cotidiana.