Malaui se organizó alrededor del gran lago y de redes que enlazaban el interior con el Índico. El reino Maravi dio nombre al país; las migraciones, el comercio de marfil y la trata de personas modificaron después su sociedad. Gran Bretaña creó el protectorado de Niasalandia, integrado contra fuerte oposición en la Federación de Rodesia y Niasalandia. La independencia llegó en 1964 y Hastings Banda gobernó durante tres décadas, casi todas como dictador de partido único. Desde 1994, Malaui ha celebrado elecciones competitivas y varias alternancias. A septiembre de 2026, Peter Mutharika ha vuelto a la presidencia tras vencer en 2025. La vitalidad democrática convive con una economía agraria extremadamente frágil, pobreza, inflación y escasez periódica de combustible y divisas.
Orígenes y reinos anteriores a la colonización
Las orillas, mesetas y valles de la actual Malaui conservan una ocupación humana muy anterior a los Estados escritos. Comunidades de lenguas bantúes extendieron agricultura, cerámica y metalurgia y se relacionaron con poblaciones cazadoras-recolectoras, cuya memoria aparece en parte del arte rupestre de Chongoni. Entre los siglos XV y XVIII, el reino o confederación Maravi articuló territorios del centro y sur de Malaui y zonas de las actuales Zambia y Mozambique. Autoridades chewa conocidas como kalonga gobernaban mediante jefaturas y redes de parentesco.
Maravi no fue el único origen. Grupos yao conectaron el lago con comerciantes suajilis y árabes del Índico; en el siglo XIX llegaron ngoni desplazados por las guerras del África austral, y tumbuka, tonga, sena, lomwe y otras comunidades consolidaron identidades regionales. Marfil y personas esclavizadas circularon hacia la costa. Nkhotakota se convirtió en un nodo de esas redes bajo el jefe Jumbe. La historia local no puede resumirse como un lago descubierto por europeos: cuando David Livingstone llegó en 1859 encontró sociedades conectadas, conflictos y mercados de larga trayectoria. El nombre moderno Malaui recuperó deliberadamente la memoria de Maravi.
Colonización
Misiones escocesas y empresas comerciales siguieron las rutas difundidas por Livingstone. La Livingstonia Mission y Blantyre Mission establecieron iglesias, escuelas y centros sanitarios, al tiempo que intereses británicos buscaron frenar la influencia portuguesa y controlar comercio y tierra. Gran Bretaña proclamó en 1891 el British Central Africa Protectorate, renombrado Nyasaland en 1907. La administración recurrió a impuestos, trabajo migrante y jefaturas indirectas; grandes propiedades europeas ocuparon tierras del sur y desarrollaron plantaciones.
Muchos hombres trabajaron temporalmente en minas y granjas de Rodesia y Sudáfrica, creando una economía dependiente de salarios externos. En 1915, John Chilembwe encabezó un levantamiento anticolonial que fue reprimido y se convirtió después en símbolo nacional. El Nyasaland African Congress, fundado en 1944, canalizó nuevas demandas políticas. En 1953, Londres unió Niasalandia con Rodesia del Norte y Rodesia del Sur en una federación dominada económica y políticamente por colonos blancos. La oposición fue masiva. Hastings Kamuzu Banda regresó en 1958, asumió el liderazgo nacionalista y, tras detenciones y estado de emergencia, negoció una transición. La federación se disolvió en 1963.
Independencia y construcción del Estado
Malaui obtuvo la independencia el 6 de julio de 1964 con Hastings Banda como primer ministro y se convirtió en república en 1966, con Banda como presidente. Una crisis de gabinete apenas dos meses después de la independencia expulsó a varios ministros y dejó al Malawi Congress Party sin contrapesos. Desde 1971 Banda fue presidente vitalicio. Su régimen mantuvo orden e impulsó carreteras, agricultura comercial, educación y la nueva capital de Lilongüe, pero también censuró, encarceló, exilió y mató opositores.
La economía se apoyó en tabaco, té, azúcar, ayuda exterior y trabajo rural barato. Banda sostuvo relaciones con el apartheid sudafricano y con el Portugal colonial, una posición singular en la región. Al final de la Guerra Fría, iglesias, estudiantes, sindicatos y donantes aumentaron la presión. En el referéndum de 1993 la población eligió el multipartidismo. Bakili Muluzi derrotó a Banda en 1994 y la transferencia cerró tres décadas de partido único. La nueva Constitución amplió derechos y limitó mandatos, aunque no eliminó patronazgo, desigualdad regional ni corrupción.
Historia reciente (2000–2026)
Bakili Muluzi completó dos mandatos y Bingu wa Mutharika ganó en 2004. Su Gobierno obtuvo alivio de deuda e impulsó subsidios agrícolas, pero en el segundo mandato aumentaron conflictos institucionales y económicos. Mutharika murió en 2012 y la vicepresidenta Joyce Banda asumió constitucionalmente la presidencia. El escándalo de desvío de fondos conocido como Cashgate debilitó su Gobierno. Peter Mutharika venció en 2014 y fue declarado reelegido en 2019.
Las protestas y una demanda opositora cambiaron aquel resultado: el Tribunal Constitucional anuló la presidencial de 2019 por irregularidades y ordenó repetirla. Lazarus Chakwera ganó la nueva votación en junio de 2020, un hito para la independencia judicial africana. Su mandato afrontó corrupción, pandemia, ciclones, sequía, inflación y escasez de divisas, combustible y alimentos. El vicepresidente Saulos Chilima murió en un accidente aéreo en junio de 2024. En las elecciones del 16 de septiembre de 2025, Peter Mutharika regresó como candidato del Democratic Progressive Party. La Comisión Electoral le atribuyó alrededor del 56 % frente al 33 % de Chakwera; juró el cargo el 4 de octubre de 2025.
Política y gobierno en 2026
A septiembre de 2026, Arthur Peter Mutharika es presidente de Malaui, jefe del Estado y del Gobierno. Volvió al cargo en octubre de 2025 después de haber gobernado entre 2014 y 2020. Malaui es una república presidencial con Asamblea Nacional unicameral, gobiernos locales y mandatos de cinco años. El presidente se elige con mayoría absoluta; si nadie la logra, debe celebrarse una segunda vuelta. La alternancia entre UDF, DPP y MCP, y la anulación judicial de 2019, muestran que el poder puede cambiar mediante elecciones.
Freedom House clasificó Malaui como Partly Free, 65/100, en Freedom in the World 2025, informe centrado en 2024. Reconoció elecciones regulares, expresión y asociación generalmente respetadas, pero señaló corrupción extendida, brutalidad policial, presiones a periodistas y violencia o discriminación contra mujeres, minorías y personas con albinismo. La edición 2026, ya posterior a las elecciones, elevó el país a Free, 68/100. La democracia es competitiva, aunque institucionalmente frágil y limitada por corrupción y pobreza. Las manifestaciones y edificios oficiales deben evitarse en ruta; las fotografías de policía, ejército y fronteras requieren permiso.
Economía y recursos
Malaui es un país de renta baja, sin litoral y muy dependiente de agricultura de secano. El Banco Mundial estimó 21,1 millones de habitantes en 2023 y calculó un producto por habitante de unos 523 dólares corrientes en 2024. Más del 80 % de la población depende directa o indirectamente de la agricultura. El maíz es el alimento central; tabaco, té, azúcar, legumbres, algodón, macadamia y cacahuete generan exportaciones. Una guía comercial oficial estadounidense actualizada en junio de 2026 atribuía al tabaco más del 40 % de los ingresos anuales por exportación.
El crecimiento real fue de solo el 1,9 % en 2025, por debajo del aumento demográfico, según el Banco Mundial. Déficit, deuda, inflación, cosechas débiles y escasez de divisas reducen la capacidad de importar combustible, medicinas y repuestos. La deuda superaba el 90 % del producto en la evaluación consultada. La moneda es el kwacha malauí, sometido a devaluaciones y a una gran diferencia entre disponibilidad oficial y demanda real. El lago sostiene pesca y turismo, pero ambos son vulnerables a presión ambiental. Para una expedición, cada gran ciudad debe aprovecharse para repostar, retirar efectivo y revisar suministros: una gasolinera dibujada en el mapa no garantiza existencias.
Sociedad: idiomas, religión y cultura
El censo de 2018 contó 17.563.749 habitantes; las proyecciones posteriores superan los veinte millones y deben distinguirse del recuento censal. El inglés es oficial y sirve para administración, turismo y trámites. Chichewa es la lengua nacional más extendida y la más útil en carretera; chitumbuka domina buena parte del norte y chiyao, chilomwe, chisena, chitonga y otras lenguas tienen fuertes ámbitos regionales. El censo situó a la población cristiana en el 77,3 %, la musulmana en el 13,8 %, las religiones tradicionales en el 1,1 % y a quienes declararon no tener religión en el 2,1 %.
La máscara Gule Wamkulu, vinculada a sociedades chewa y reconocida como patrimonio inmaterial, convive con música coral, iglesias, mezquitas y cultura urbana contemporánea. Nsima de maíz, verduras, legumbres y pescado del lago forman la base alimentaria. UNESCO registra tres bienes: Lake Malawi National Park, Chongoni Rock-Art Area y Mount Mulanje Cultural Landscape, inscrito en 2025. Saludar antes de pedir, vestir con sobriedad en aldeas y recintos religiosos y pedir permiso para fotografiar personas o ceremonias es esencial. En distritos musulmanes hay que respetar mezquitas, horarios y normas locales sobre alcohol; una danza o máscara no es un espectáculo disponible sin autorización.