Libia es un país de historia densa y presente roto. En su costa se superpusieron la Tripolitania fenicia y púnica, la Cirenaica griega, Roma, el islam y cuatro siglos otomanos, antes de que Italia la ocupara en 1911 y la gobernara con una violencia que diezmó Cirenaica. Fue reino independiente desde 1951 con Idris I, y desde 1969 el escenario de los cuarenta y dos años de Muamar el Gadafi, sostenidos por el petróleo. La revuelta de 2011 acabó con él y abrió una fractura que sigue abierta: a fecha de 2026 conviven el Gobierno de Unidad Nacional de Trípoli y el bloque oriental de Bengasi asociado a Jalifa Haftar. Hoy no se puede recorrer por libre: España desaconseja viajar y no se expiden visados turísticos ordinarios.
Orígenes y reinos anteriores a la colonización
Lo que hoy llamamos Libia fueron durante milenios tres países distintos: la Tripolitania al oeste, la Cirenaica al este y el Fezán en el desierto meridional, una división que el MAEC todavía usa para explicar el país. En la costa occidental los fenicios y después Cartago levantaron los emporios que dieron nombre a la región —Oea, Sabratha y Leptis Magna—, mientras que en la oriental fueron colonos griegos quienes fundaron Cirene, cabeza de la Pentápolis. Roma heredó ambas y convirtió Leptis Magna en una de las ciudades más monumentales del Mediterráneo africano; sus ruinas figuran hoy entre los cinco bienes libios del Patrimonio Mundial.
En el siglo VII la conquista árabe islamizó y arabizó el territorio de forma duradera, aunque los oasis y las montañas conservaron población amazigh, tuareg y tebu. A comienzos del siglo XVI el litoral pasó al Imperio otomano, que lo gobernó, con la autonomía casi dinástica de los Karamanlí entre 1711 y 1835, hasta la invasión italiana. En 1837 nació en Cirenaica la cofradía senusí, una orden islámica que, según Britannica, dio a las tribus del interior una estructura común y que acabaría proporcionando al país su primera dinastía nacional.
Colonización
La potencia colonial fue Italia, que invadió en 1911 en el curso de la guerra ítalo-turca y obtuvo el reconocimiento formal del traspaso otomano en 1912. La ocupación efectiva, sin embargo, tardó veinte años: la resistencia senusí, encabezada en Cirenaica por Omar al-Mujtar, mantuvo en jaque a los italianos hasta que las llamadas campañas de pacificación de 1923 a 1932, dirigidas por los generales Badoglio y Graziani, la aplastaron con ejecuciones masivas, armas químicas y deportaciones.
El coste demográfico fue enorme. Según la documentación recogida en Wikipedia, murió en torno a una cuarta parte de los 225.000 habitantes de Cirenaica; unos 12.000 cirenaicos fueron ejecutados entre 1930 y 1931 y, de los 100.000 internados en campos de concentración, 40.000 habían muerto en septiembre de 1933. En 1934 el gobernador Italo Balbo unificó Tripolitania y Cirenaica en la colonia de Libia, con Trípoli por capital, y promovió una colonización agrícola que llevó el número de italianos de 26.000 en 1927 a 119.139 en 1939, un trece por ciento de la población. Dejó también infraestructura —unos 400 kilómetros de ferrocarril y 4.000 de carretera— y un país sin élites propias. El dominio italiano terminó en mayo de 1943, arrasado por la campaña del norte de África.
Independencia y construcción del Estado
Tras la guerra, Libia quedó bajo administración aliada. En noviembre de 1949 Naciones Unidas decidió que debía convertirse en un reino unido e independiente antes del 1 de enero de 1952, y el 24 de diciembre de 1951 el emir senusí Idris I proclamó la independencia. Nacía una monarquía federal que unía las tres provincias históricas y que, según Britannica, ingresó en la Liga Árabe en 1953. Era uno de los países más pobres del mundo; el hallazgo de petróleo a finales de aquella década lo transformó por completo.
En 1969 un golpe de Estado encabezado por el coronel Muamar el Gadafi derrocó al rey. La ficha del MAEC lo describe como «un régimen autoritario personalista inspirado en el panarabismo y el socialismo», y se prolongó cuarenta y dos años. Gadafi nacionalizó el petróleo, refundó el Estado como Yamahiriya —una supuesta democracia directa de comités populares, sin partidos ni parlamento— y empleó la renta del crudo en educación, sanidad y grandes obras hidráulicas tanto como en aventuras exteriores. Wikipedia recoge que la esperanza de vida se acercó entonces a los setenta y ocho años y la renta por habitante superó los once mil dólares. El precio fue la ausencia de instituciones autónomas, un vacío decisivo cuando el régimen cayó.
Historia reciente (2000-2026)
El 17 de febrero de 2011 comenzó en Bengasi un levantamiento contra Gadafi que derivó en guerra civil. Una coalición dirigida por la OTAN intervino el 21 de marzo de 2011 y, el 20 de octubre de 2011, Gadafi murió a manos de los sublevados. La euforia duró poco: las milicias vencedoras se negaron a desarmarse.
En 2014 el país se partió en dos. La Cámara de Representantes inició sus sesiones el 5 de agosto de 2014 y acabó instalándose en Tobruk, respaldada por el Ejército Nacional Libio de Jalifa Haftar, frente a las autoridades de Trípoli. El acuerdo de la ONU de diciembre de 2015 creó un Gobierno de Acuerdo Nacional, presidido por Fayez al-Sarraj, que la Cámara nunca ratificó. En abril de 2019 Haftar lanzó una ofensiva sobre Trípoli que fracasó y desembocó en el alto el fuego permanente del 23 de octubre de 2020, del que salió el 16 de marzo de 2021 el actual Consejo Presidencial y el Gobierno de Unidad Nacional. Las elecciones del 24 de diciembre de 2021 se aplazaron sine die y desde marzo de 2022 hay de nuevo un gobierno paralelo en el este. En septiembre de 2023 el derrumbe de dos presas arrasó Derna; en mayo de 2025 Trípoli volvió a los combates entre milicias.
Política y gobierno en 2026
Libia es una república en transición sin constitución: la ficha del MAEC, de enero de 2026, señala que la forma del Estado se decidirá en un texto aún sin aprobar. El jefe de Estado colegiado es el Consejo Presidencial que preside Mohamed Yunus al-Menfi, y el jefe de Gobierno Abdul Hamid Dbeiba, del Gobierno de Unidad Nacional: ambos ocupan el cargo desde el 16 de marzo de 2021, designados por el Foro de Diálogo Político Libio, no elegidos en las urnas. Frente a ellos, la Cámara de Representantes de Tobruk, que preside Aguila Saleh, sostiene desde marzo de 2022 un ejecutivo paralelo —el Gobierno de Estabilidad Nacional, de Osama Hammad— apoyado en las fuerzas de Haftar, que según Human Rights Watch controlan el este y el sur, mientras Trípoli controla el oeste.
El proceso electoral sigue parado. Tras el fracaso de 2021, el 30 de agosto de 2026 delegaciones de ambos bloques firmaron con la misión de la ONU, que encabeza Hanna Tetteh, un acuerdo para celebrar presidenciales y legislativas en un plazo máximo de dos años, no más tarde de 2028; el Consejo Presidencial y el Alto Consejo de Estado no participaron. Freedom House la clasifica en 2025 como Not Free, «no libre», con 10 puntos sobre 100, 2 sobre 40 en derechos políticos y 8 sobre 60 en libertades civiles: no es una democracia, ni siquiera limitada, sino un territorio repartido entre autoridades rivales y grupos armados donde no se vota. Reporteros Sin Fronteras lo sitúa en 2026 en el puesto 138 de 180 y habla de un «agujero negro informativo». El MAEC llama a la seguridad «inestable y volátil», desaconseja viajar salvo necesidad absoluta y confirma que no se expiden visados de turismo. España reabrió embajada en Trípoli en junio de 2021; la UE mantiene las operaciones IRINI y EUBAM.
Economía y recursos
La riqueza libia es el petróleo, y casi solo el petróleo. La ficha del MAEC da para 2024 un PIB de unos 46.600 millones de dólares y una renta por habitante de aproximadamente 6.570 dólares, con una caída del 2,9 por ciento y una inflación media del 2,1 por ciento. La industria, dominada por el crudo y el gas, supone el 56,2 por ciento de la economía; los servicios el 42,1 y la agricultura apenas un 3. Las exportaciones sumaron 35.400 millones de dólares en 2023 frente a 22.400 de importaciones, y los hidrocarburos son cerca del noventa y cinco por ciento de lo que el país vende fuera. Libia pertenece a la OPEP y posee, según Wikipedia, las décimas reservas probadas de crudo del mundo.
La moneda es el dinar libio, de mil dirhams. Los principales clientes son Italia (22,5 por ciento), Alemania (14,6) y España (8,72); los proveedores, China, Turquía y los Emiratos Árabes Unidos. El reverso es duro: apenas un uno por ciento del territorio es cultivable y el país importa la mayor parte de sus alimentos, el desempleo rondaba el 19,1 por ciento —cerca del cincuenta entre los jóvenes— y el control de la Corporación Nacional del Petróleo y del banco central ha sido una y otra vez el verdadero objeto de la disputa entre ambos gobiernos. El turismo es hoy testimonial.
Sociedad: idiomas, religión y cultura
Libia tiene unos 7,3 millones de habitantes (2023) en 1.759.540 kilómetros cuadrados, más de tres veces España, con cuatro habitantes por kilómetro y un 81,6 por ciento de población urbana en la costa: Trípoli, Misrata, Bengasi, Zauiya y Tobruk. El idioma oficial es el árabe, en variante libia; el MAEC señala el inglés como segunda lengua y es con lo que un extranjero se entiende por carretera, con algo de italiano entre los mayores. En los oasis y las montañas se hablan además amazigh, tuareg y tebu. La religión es abrumadoramente musulmana: el MAEC da un 98 por ciento, mayoría suní con minoría ibadí; el resto son cristianos y otros credos, casi todos extranjeros.
La cocina mezcla Mediterráneo y Magreb: cuscús, la sopa sharba libiya, pasta heredada de los italianos, dátiles y té. El patrimonio es excepcional —Leptis Magna, Sabratha, Cirene, el arte rupestre del Tadrart Acacus y el casco antiguo de Gadamés—, pero los cinco bienes entraron en la Lista del Patrimonio Mundial en Peligro en 2016 y cuatro siguen en ella; solo Gadamés salió en 2025. Quien llegue hasta aquí debe vestir cubierto, hombres y mujeres, no fotografiar personas ni militares ni controles sin permiso, y contar con que el alcohol está prohibido. Durante el ramadán, que en 2027 empieza en torno al 8 de febrero, no se come, bebe ni fuma en público de día y los horarios se trastocan.