Gambia
Isla de Kunta Kinteh, cerca de Juffureh · Leonora (Ellie) Enking · CC BY-SA 2.0
HISTORIA Y CONTEXTO · GAMBIA

Historia de Gambia

Orígenes, colonización, independencia y situación actual — para leer o escuchar durante el viaje.

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Gambia es una franja de tierra a ambas orillas de su río, el país más pequeño del África continental y un enclave rodeado por Senegal salvo por su fachada atlántica. Esa forma inverosímil es el residuo de la rivalidad colonial entre Londres y París, que en 1889 se repartió la región dejando el río navegable en manos británicas. Independiente desde 1965, vivió veintidós años bajo la dictadura de Yahya Jammeh y desde enero de 2017 ensaya una transición democrática con comisión de la verdad y tribunal especial, aunque la reforma constitucional siga encallada y las presidenciales de diciembre de 2026 estén ya muy cerca. Vive del turismo de playa, la pesca, el cacahuete, la reexportación hacia sus vecinos y las remesas de su diáspora.

Orígenes y reinos anteriores a la colonización

El testimonio más antiguo de una sociedad organizada en estas orillas no son ruinas, sino piedras. Los círculos megalíticos de Senegambia —cuatro conjuntos, dos en Gambia, Wassu y Kerbatch, y dos en Senegal— forman, según la UNESCO, una concentración extraordinaria de más de mil monumentos repartidos a lo largo de unos trescientos cincuenta kilómetros del río Gambia. Son pilares de laterita de unos dos metros y hasta siete toneladas, dispuestos en corros de ocho a catorce piedras en torno a túmulos funerarios. La UNESCO los data entre el siglo III antes de nuestra era y el siglo XVI: obra de una sociedad próspera y duradera de la que apenas sabemos nada más.

Britannica describe a los malinké o mandinga del valle como los pueblos más occidentales del viejo imperio de Malí; a los wólof, como emigrados probablemente desde las regiones del Songhai, y a los fulani, como pastores llegados del Futa Toro. De ese encuentro nacieron reinos pequeños que vivían del comercio fluvial pero que, según la misma fuente, nunca llegaron a ser lo bastante fuertes como para dominar Senegambia. Esa fragmentación explica la facilidad con que los europeos se instalaron después en el río.

Colonización

El primer europeo documentado en el río fue el veneciano Alvise Ca' da Mosto, que llegó en 1455 al servicio de Portugal; hacia 1456, precisa la UNESCO, los portugueses habían adquirido ya de los jefes locales el islote que acabaría llamándose James Island. En 1651 colonos del ducado de Curlandia, en el actual territorio letón, levantaron allí el fuerte Jacob; los ingleses se lo arrebataron en 1661 y lo rebautizaron en honor del duque de York. Durante dos siglos esa roca —aduana y punto de embarque de personas esclavizadas hacia América— cambió de manos sin descanso hasta que los franceses destruyeron el fuerte en 1779.

En 1816 el capitán Alexander Grant fundó Bathurst, hoy Banjul, en una isla comprada al rey de Kombo. El comercio fue siempre escaso, pero el río era la mejor vía navegable hacia el interior y nadie quería cederlo. La frontera actual, esa cinta inverosímil de pocos kilómetros a cada lado del agua, se fijó en la conferencia de París de 1889, cuando Francia cedió a Gran Bretaña el control del río. Desde 1900 Londres gobernó el interior como protectorado de administración indirecta, repartido en treinta y cinco jefaturas, y abolió la esclavitud en 1906. Quedó así un enclave británico incrustado en el Senegal francés.

Independencia y construcción del Estado

Gambia se independizó del Reino Unido en febrero de 1965 y se convirtió en república el 24 de abril de 1970, con Dawda Jawara como presidente y su Partido Progresista del Pueblo ganando una elección tras otra. Fueron casi tres décadas de estabilidad parlamentaria poco frecuente en la región, sostenidas por una economía minúscula que dependía del cacahuete y de la reexportación de mercancías hacia los vecinos.

En 1981 una intentona golpista fue sofocada con ayuda militar senegalesa, y de aquel rescate nació la Confederación de Senegambia, un ensayo de unión con Senegal que funcionó entre 1982 y 1989 y acabó disolviéndose sin dejar más herencia que la desconfianza mutua.

El 22 de julio de 1994 un teniente de veintinueve años llamado Yahya Jammeh derribó a Jawara en un golpe incruento. Gobernó primero al frente de un consejo militar provisional y, desde 1996, como presidente elegido en las urnas al amparo de la constitución de 1997, redactada bajo su propia junta. Esa constitución —que, como recuerda ConstitutionNet, concentra un poder ejecutivo excesivo— sigue siendo la ley fundamental del país y condiciona todo lo que ha venido después.

Historia reciente (2000–2026)

Los veintidós años de Jammeh dejaron un rastro bien documentado: en 2005 sus escuadrones, los Junglers, mataron a entre cincuenta y sesenta migrantes de África Occidental; desde 2007 aseguró curar el sida con hierbas y pidió a los enfermos que dejaran los antirretrovirales; en 2009 una caza de brujas dejó cerca de un millar de secuestrados. En 2013 sacó al país de la Commonwealth y en diciembre de 2015 lo declaró república islámica.

El 1 de diciembre de 2016 perdió las elecciones frente a Adama Barrow —un 43,3 % frente a un 39,6 %, según el MAEC—, aceptó el resultado y lo rechazó días después. Ante su negativa a marcharse, la CEDEAO desplegó tropas: Jammeh renunció la madrugada del 21 de enero de 2017 y salió ese mismo día hacia Guinea Ecuatorial, donde sigue exiliado. Barrow fue reelegido en diciembre de 2021 con el 53,2 % de los votos frente al 27,7 % de Ousainou Darboe.

La Comisión de Verdad, Reconciliación y Reparaciones cifró en unas doscientas cincuenta las personas asesinadas por el Estado entre 1994 y 2017 y pidió en 2021 procesar a Jammeh y a unos setenta antiguos cargos. El Gobierno aceptó esas recomendaciones en mayo de 2022 y la CEDEAO aprobó en diciembre de 2024 un Tribunal Especial para Gambia, con el británico Martin Hackett como fiscal especial. En septiembre de 2026 Jammeh sigue sin ser acusado formalmente.

Política y gobierno en 2026

A fecha de septiembre de 2026, el jefe del Estado y del Gobierno es Adama Barrow, presidente desde el 19 de enero de 2017 y reelegido en diciembre de 2021. El MAEC (ficha de abril de 2026) lo describe como una república presidencialista con una Asamblea Nacional de cincuenta y tres diputados elegidos y cinco designados por el presidente. Las próximas presidenciales son el 5 de diciembre de 2026: Barrow, al frente de su Partido Nacional del Pueblo, aspira a un tercer mandato frente a Ousainou Darboe. Se vota depositando una canica en el bidón del candidato.

Freedom House clasifica a Gambia en 2025 como Partly Free, parcialmente libre, con 50 puntos sobre 100: 22 sobre 40 en derechos políticos y 28 sobre 60 en libertades civiles. Es una democracia real pero limitada, no una dictadura: hay elecciones competitivas y una alternancia demostrada. La misma fuente recoge, sin embargo, corrupción, acoso a la prensa —en 2024 se suspendieron las nuevas licencias de radio y dos periodistas fueron detenidos por «noticias falsas»— y discriminación contra las personas LGTB. La reforma constitucional sigue encallada: el borrador de 2020, que habría dejado fuera a Barrow, murió en la Asamblea, y el de 2024 fue rechazado en julio de 2025.

Para España, Gambia es sobre todo un socio migratorio: unos veinticinco mil gambianos residen en España y en 2024, año de la visita de Pedro Sánchez a Banjul, se firmó un memorando de migración circular. La UE es el primer donante.

Economía y recursos

Gambia es una economía diminuta y abierta. El MAEC (ficha de abril de 2026) da un PIB de unos 2.400 millones de dólares en 2024 y una renta per cápita de 871 dólares; el Banco Mundial sitúa el PIB de 2025 en 2.590 millones y la renta per cápita en 919 dólares. El crecimiento fue del 5,9 % en 2025 y la inflación ha vuelto al dígito único, un 7,9 %, tras el 11,6 % de 2024. La deuda pública equivalía en 2025 al 76,4 % del PIB, con alto riesgo de sobreendeudamiento. La moneda es el dalasi, a unos 85 por euro.

Los servicios aportan el 58,5 % del PIB, la agricultura el 23,7 % y la industria el 17,8 %, pero esa agricultura emplea a cerca del 70 % de la población activa. El cacahuete sigue siendo el cultivo comercial por excelencia, aunque no llegue al 7 % del PIB. Las otras patas son el turismo de playa, la pesca —casi todo lo que España compra aquí son moluscos y crustáceos— y, sobre todo, las remesas: 776 millones de dólares en 2024, un 31,5 % del PIB, que rivalizan con el turismo como fuente de divisas. Queda la reexportación: mercancía que entra por el puerto de Banjul y sale por carretera hacia los vecinos, lo que hace de Senegal a la vez primer proveedor y competidor aduanero.

Sociedad: idiomas, religión y cultura

Gambia tiene entre 2,4 y 2,8 millones de habitantes (censo de 2024 y Banco Mundial) en 11.295 kilómetros cuadrados: el país más pequeño del África continental y uno de los más densamente poblados. Banjul, la capital, tiene 35.000 habitantes; la ciudad real es Serrekunda, con 340.000. El idioma oficial es el inglés, que basta por carretera casi siempre, algo excepcional en esta parte del continente.

Las lenguas nacionales son el mandinga —primera lengua de cerca del 38 %—, el pular o fula, el wólof, el soninké y el jola, que dan nombre también a los grupos de población: mandinga 34,4 %, fula 25 % y wólof 15,4 % (2024). El país es abrumadoramente musulmán: el MAEC da un 90 % de musulmanes y un 9 % de cristianos, y Wikipedia eleva el islam al 95,7 %. La mutilación genital femenina está prohibida desde 2015, afecta a cerca del 73 % de las mujeres adultas y en julio de 2024 la Asamblea rechazó derogar esa prohibición.

La música va unida a la de Senegal, con el sabar wólof y los griots; en la mesa manda el cacahuete, en forma de domoda, y la lucha es el deporte nacional. La UNESCO reconoce dos bienes culturales: los círculos de piedra de Senegambia y la isla de Kunta Kinteh, la antigua James Island, rebautizada en 2011 con el nombre del personaje de «Raíces» que ha hecho de Juffureh un destino de peregrinación afroamericana.

Conviene vestir con discreción fuera de la franja hotelera, con hombros y rodillas cubiertos, y pedir permiso antes de fotografiar; las instalaciones militares y los pasos fronterizos, nunca. Durante el ramadán es mejor no comer ni fumar en público de día, y el alcohol, fácil de encontrar en la costa, está mal visto tierra adentro.

Fuentes y para profundizar