Gabón es un país ecuatorial de población reducida, muy urbanizado y cubierto en gran parte por bosque tropical. El petróleo elevó su renta media, pero no eliminó la desigualdad ni la dependencia exterior. Desde 1967 hasta 2023 el poder permaneció en la familia Bongo; el golpe que derrocó a Ali Bongo abrió una transición dirigida por Brice Oligui Nguema. Elegido presidente en abril de 2025, Oligui inauguró la Quinta República y gobierna en septiembre de 2026. Para entender el país conviene leer juntas tres realidades: el peso político del petróleo, las tradiciones forestales como el bwiti y una red de parques nacionales cuyo valor natural no garantiza por sí solo accesibilidad turística.
Orígenes y reinos anteriores a la colonización
El territorio gabonés estuvo habitado por comunidades cazadoras-recolectoras antes de las migraciones de pueblos de lenguas bantúes. A lo largo de siglos se asentaron grupos myènè en la costa y en el Ogooué, y comunidades punu, nzebi, teke y otras en el interior; la expansión fang ganó peso en el norte durante el siglo XIX. No existió un solo reino equivalente a Kongo o Benín, sino redes de linajes, jefaturas y comercio adaptadas a ríos y bosque. El Ogooué funcionó como la gran vía de comunicación entre el litoral y el interior.
Las economías combinaban agricultura, pesca, caza, hierro y el intercambio de marfil, sal y productos forestales. Las sociedades iniciáticas transmitían historia, normas y conocimiento medicinal. Entre ellas destaca el bwiti, extendido en distintas comunidades y asociado al uso ritual de la iboga. Presentarlo solo como una experiencia psicodélica para extranjeros borra su dimensión religiosa y social. El paisaje de Lopé-Okanda conserva una secuencia arqueológica muy antigua y petroglifos que UNESCO integra en un bien mixto: demuestra que el bosque actual también es un espacio histórico transformado por ocupaciones humanas, sabanas y rutas de larga duración.
Colonización
Navegantes portugueses llegaron a la costa en el siglo XV; la forma de la desembocadura del Komo evocó para ellos un abrigo con capucha o gabão, nombre del que deriva Gabón. El comercio atlántico incorporó marfil, madera y personas esclavizadas. Francia consolidó su presencia mediante tratados con dirigentes costeros durante el siglo XIX. En 1849 fundó Libreville para instalar a cautivos liberados de un barco negrero, aunque la ciudad creció dentro de un proyecto colonial y no como una república autónoma de antiguos esclavos.
Gabón se convirtió en colonia francesa y después en parte del África Ecuatorial Francesa, administrada desde Brazzaville. Compañías concesionarias obtuvieron enormes territorios para explotar caucho, marfil y madera; la coerción laboral, los impuestos y las campañas militares acompañaron esa economía. El ferrocarril no llegó hasta después de la independencia, de modo que el Ogooué siguió siendo una arteria esencial. La misión de Albert Schweitzer en Lambaréné, creada en 1913, forma parte de esta historia, pero debe leerse también dentro de las relaciones coloniales y de los debates contemporáneos sobre paternalismo médico.
Independencia y construcción del Estado
Gabón alcanzó la independencia de Francia el 17 de agosto de 1960. Léon M'ba, primer presidente, favoreció una relación muy estrecha con París. Un golpe militar lo depuso brevemente en 1964, pero tropas francesas lo restituyeron. Tras su muerte, Albert-Bernard Bongo asumió la presidencia en 1967, adoptó después el nombre Omar Bongo Ondimba y creó un sistema de partido único alrededor del Parti démocratique gabonais. Los ingresos del petróleo, cuyo auge comenzó en la década de 1970, financiaron carreteras, administración y una extensa red clientelar.
La caída del precio del crudo y la protesta social obligaron a abrir el sistema multipartidista en 1990. Sin embargo, Omar Bongo conservó la presidencia y el PDG mantuvo el control de instituciones, recursos públicos y elecciones. Gabón fue visto desde fuera como un Estado estable y un mediador regional, pero esa estabilidad descansaba en una concentración extrema del poder y en vínculos privilegiados con Francia. La riqueza por habitante ocultaba desigualdad, servicios públicos deficientes y una economía muy dependiente de petróleo, manganeso y madera.
Historia reciente (2000–2026)
Omar Bongo murió en 2009 tras más de cuatro décadas en el poder. Su hijo Ali Bongo Ondimba ganó las elecciones de ese año y fue declarado vencedor de nuevo en 2016, en una votación disputada que provocó protestas y el incendio del Parlamento. Un ictus en 2018 redujo su presencia pública; un intento de golpe fracasó en enero de 2019. En 2023 concurrió a un tercer mandato. Minutos después de anunciarse oficialmente su victoria, militares encabezados por Brice Oligui Nguema anularon el resultado, disolvieron instituciones y pusieron fin a 56 años de gobierno familiar.
La transición organizó un diálogo nacional y un referéndum constitucional en noviembre de 2024. La nueva carta creó una presidencia de siete años renovable una vez, eliminó el cargo de primer ministro e impidió que cónyuges y descendientes directos sucedan a un presidente. Oligui dejó formalmente el ejército para presentarse a las elecciones del 12 de abril de 2025 y obtuvo el 90,35 % según la ficha del MAEC. Juró el cargo el 4 de mayo. El Banco Mundial señala que las elecciones legislativas, locales y senatoriales de septiembre y octubre de 2025 completaron la transición institucional.
Política y gobierno en 2026
A fecha de septiembre de 2026, Brice Clotaire Oligui Nguema es presidente, jefe del Estado y jefe del Gobierno de la Quinta República. Llegó al poder mediante el golpe del 30 de agosto de 2023 y fue elegido en abril de 2025. La Constitución de 2024 concentra el ejecutivo en la presidencia. La ficha del MAEC de enero de 2026 identifica a Hugues Alexandre Barro Chambrier como vicepresidente de la República y a Hermann Immongault como vicepresidente del Gobierno. El nuevo ciclo electoral cerró formalmente la transición, pero no convierte por sí solo al sistema en una democracia consolidada.
Freedom House clasificó Gabón como «Not Free», con 21 puntos sobre 100, en Freedom in the World 2025. Ese informe evalúa 2024, antes de las elecciones, y describe influencia dominante de Oligui sobre la transición, un proceso constitucional controlado desde arriba, débil independencia judicial y problemas de corrupción. También registró una cierta reducción de la autocensura periodística tras el golpe. La puntuación no evalúa el conjunto de las instituciones elegidas en 2025 y se cita con ese límite. Para viajar, conviene evitar fotografías de instalaciones militares o petroleras y conversaciones políticas insistentes en controles.
Economía y recursos
La escasa población y la abundancia de recursos sitúan a Gabón entre las rentas por habitante más altas de África subsahariana. El MAEC cifra el PIB corriente por habitante de 2025 en unos 9.300 dólares, pero también recoge que el 34,6 % de la población vivía en 2024 por debajo del umbral usado por el Banco Mundial. El petróleo sigue siendo el motor: una distribución de exportaciones citada por la ficha oficial para 2021 atribuía aproximadamente 67 % al crudo, 15 % a la madera y 10 % al manganeso. La moneda es el franco CFA de África central, ligado al euro.
El Banco Mundial estimó un crecimiento del 2,5 % en 2025 y advierte de presión fiscal, deuda elevada, yacimientos maduros y gasto público creciente. La madera de okoumé, el manganeso de Moanda y la pesca amplían la base productiva, pero la diversificación sigue incompleta. Gabón conserva alrededor del 85 % de su superficie bajo bosque y actúa como sumidero neto de carbono; convertir ese patrimonio en ingresos sostenibles sin abrir una explotación destructiva es un debate central. Para el viajero, la renta estadística no significa servicios uniformes: Libreville es cara y el interior ofrece poca infraestructura fuera del ferrocarril y de los ejes mineros.
Sociedad: idiomas, religión y cultura
El MAEC registra unos 2,54 millones de habitantes en 2024, con una concentración muy alta en Libreville y Port-Gentil. El francés es oficial y la lengua práctica en carretera. Se hablan más de cincuenta lenguas locales, casi todas bantúes, entre ellas fang, myènè, nzebi, punu y bandjabi. La misma ficha estima alrededor de un 75 % de cristianos y un 13 % de prácticas animistas; sitúa la población musulmana gabonesa entre el 1 y el 5 %, aclarando que la inmigración dificulta el cálculo. Las identidades religiosas pueden superponerse, especialmente en torno al bwiti.
Músicas urbanas, máscaras punu, cestería, relatos fang y cocinas basadas en mandioca, plátano, pescado y salsas de semillas reflejan la pluralidad regional. UNESCO inscribe dos bienes: el Parque Nacional de Ivindo y el Ecosistema y Paisaje Cultural Relicto de Lopé-Okanda; Loango y Moukalaba-Doudou siguen en la lista indicativa, no en la Lista del Patrimonio Mundial. Un ritual bwiti no es una atracción que se reserve sin mediación local: no se fotografía ni se participa sin consentimiento informado. En aldeas se saluda antes de plantear preguntas y se pide permiso para personas, tumbas y objetos rituales.