Etiopía es la gran excepción del continente: un Estado con más de dos mil años de continuidad política que nunca llegó a ser colonizado, salvo los cinco años de ocupación italiana entre 1936 y 1941. Del reino de Aksum heredó una escritura propia, un cristianismo adoptado en el siglo IV y un calendario distinto del occidental. La monarquía salomónica cayó en 1974 ante el Derg marxista; la dictadura de Mengistu se hundió en 1991 y dio paso a una federación de base étnica que perdió su salida al mar con la independencia de Eritrea en 1993. Desde 2018 gobierna Abiy Ahmed, Nobel de la Paz en 2019 y, a la vez, primer ministro de la guerra de Tigray. En 2026 el país crece deprisa y sigue en conflicto abierto.
Orígenes y reinos anteriores a la colonización
El altiplano etíope es uno de los focos más antiguos de estatalidad de África. La Wikipedia en español sitúa el origen del reino de Aksum en la llegada de colonos hacia el año 400 antes de nuestra era; aquel reino llegó a controlar el comercio del mar Rojo con moneda y escritura propias. En el siglo IV, durante el reinado de Ezana, el monje sirio Frumencio introdujo el cristianismo, que cristalizó en la Iglesia ortodoxa etíope Tewahedo. Britannica subraya que esa adopción del siglo IV convierte a Etiopía en una de las naciones cristianas más antiguas del continente.
Tras el declive de Aksum, la dinastía Zagüe gobernó hasta 1270 y dejó su obra más conocida: las iglesias excavadas en la roca de Lalibela, atribuidas al soberano del mismo nombre, que reinó hacia 1185-1225. En 1270 Yekuno Amlak derrocó al último rey Zagüe y restauró la llamada dinastía salomónica, que reivindicaba descender de Salomón y la reina de Saba. El imperio resistió la invasión de Ahmad ibn Ibrahim al-Ghazi, desarrollada entre 1528 y 1540 y cerrada con la derrota del invasor en la batalla de Wayna Daga el 21 de febrero de 1543. A la muerte del emperador Iyasus II, en 1755, se abrió el Zemene Mesafint o «era de los príncipes», casi un siglo de poder fragmentado entre señores regionales.
Colonización
Etiopía es el gran caso atípico del reparto colonial africano. Britannica la describe como el único país africano que resistió con éxito la colonización europea, y presenta la ocupación italiana de 1936 a 1941 como una invasión temporal más que como un dominio colonial asentado. La clave está en el siglo XIX: según la Wikipedia en español, Menelik II modernizó el reino, fundó la nueva capital, Adís Abeba, y abolió la esclavitud.
El choque llegó por el tratado de Uchalli, firmado con Italia en 1889, cuyas versiones en amárico e italiano no decían lo mismo: Roma sostenía que convertía al país en protectorado. Menelik lo denunció y en 1896 derrotó a los italianos en la batalla de Adua, victoria que garantizó la independencia etíope y que se convirtió en símbolo para todo el continente. Italia conservó Eritrea, la franja costera que resultaría decisiva un siglo después.
La revancha llegó con Mussolini: Italia se anexionó formalmente Etiopía el 9 de mayo de 1936 y el emperador Haile Selassie marchó al exilio. Los británicos expulsaron a los italianos en 1941 y lo restauraron en el trono. A diferencia de sus vecinos, el país no salió de aquel paréntesis con una administración colonial consolidada ni con una lengua europea impuesta: el amárico siguió siendo la lengua oficial del Estado, como lo es hoy según la ficha país del Ministerio de Asuntos Exteriores español.
Independencia y construcción del Estado
Restaurado en 1941, Haile Selassie gobernó hasta 1974 —Britannica fecha su etapa en el poder entre 1916 y 1974— y levantó un Estado centralizado con Adís Abeba como capital diplomática del continente, donde el Ministerio de Asuntos Exteriores español sitúa todavía hoy la sede de la Unión Africana. La federación con Eritrea y su posterior absorción abrieron una guerra independentista de tres décadas.
El emperador fue depuesto en septiembre de 1974 por un comité de militares, el Derg. En 1975 se proclamó una república popular y en febrero de 1977 Mengistu Haile Mariam tomó el poder y alineó el país con la Unión Soviética. Britannica llama a esa etapa «Etiopía socialista» (1974-1991) y la asocia a la reforma agraria y a la hambruna; la de 1984 dio la vuelta al mundo. La represión, las colectivizaciones y las guerras simultáneas contra los frentes eritreo y tigriño agotaron al régimen.
En 1991 Mengistu fue derrocado y se exilió en Zimbabue, y el Frente Democrático Revolucionario del Pueblo Etíope tomó el control. La constitución, aprobada el 8 de diciembre de 1994 y en vigor desde el 21 de agosto de 1995, creó una república federal parlamentaria organizada en regiones de base étnica. Eritrea se separó en 1993 y Etiopía quedó sin salida al mar. Entre 1998 y 2000 ambos países libraron una guerra fronteriza cerrada con un acuerdo favorable a Adís Abeba.
Historia reciente (2000-2026)
El Frente Democrático Revolucionario del Pueblo Etíope, dominado por el Frente Popular de Liberación de Tigray, gobernó sin alternancia durante dos décadas. Las protestas oromo y amhara de mediados de la década de 2010 acabaron con esa hegemonía: el primer ministro Hailemariam Desalegn dimitió el 15 de febrero de 2018 y Abiy Ahmed juró el cargo el 2 de abril de 2018.
El primer año fue de apertura. El 9 de julio de 2018 Abiy firmó en Asmara con Isaias Afwerki una declaración de paz y amistad que cerró el contencioso con Eritrea, y el 11 de octubre de 2019 recibió el Premio Nobel de la Paz por esa iniciativa. El 21 de noviembre de 2019 disolvió la vieja coalición en un partido único, el Partido de la Prosperidad.
El giro llegó el 3 de noviembre de 2020 con la guerra de Tigray, que enfrentó al ejército federal, fuerzas amharas y tropas eritreas con el frente tigriño. Las estimaciones de muertos van de los 162.000-378.000 de la Universidad de Gante a los 600.000 que citó el mediador de la Unión Africana Olusegun Obasanjo. El acuerdo de cese de hostilidades de Pretoria, del 2 de noviembre de 2022, detuvo los combates sin incluir a Eritrea. Desde agosto de 2023 la violencia se trasladó a Amhara, con las milicias Fano, y continúa en Oromía con el Ejército de Liberación Oromo.
Política y gobierno en 2026
Según la ficha país del Ministerio de Asuntos Exteriores español actualizada en julio de 2026, Etiopía es una república federal parlamentaria con doce regiones y dos ciudades de estatuto especial, Adís Abeba y Dire Daua. El jefe del Estado es el presidente Taye Atske-Selassie, desde el 7 de octubre de 2024, con funciones puramente protocolarias; el poder lo ejerce el primer ministro Abiy Ahmed, en el cargo desde el 2 de abril de 2018. En las elecciones generales del 1 de junio de 2026 el Partido de la Prosperidad obtuvo 438 de los 486 escaños en juego, para un mandato de cinco años.
Freedom House clasifica al país como «no libre» en su informe de 2025, con 18 puntos sobre 100: 8 sobre 40 en derechos políticos y 10 sobre 60 en libertades civiles. Recuerda que Abiy prometió reformar un Estado autoritario, pero que el país sigue sacudido por conflictos internos y violencia intercomunitaria, con abusos habituales de las fuerzas de seguridad. A la vista de esas fuentes, se trata de un régimen autoritario con elecciones no competitivas, no de una democracia. Reporteros Sin Fronteras lo sitúa en el puesto 148 de 180 en 2026, con 34,66 puntos y cinco periodistas presos. Human Rights Watch cifra en 3,3 millones los desplazados internos a mediados de 2025. España mantiene embajada residente desde 1960 y un Marco de Asociación País 2023-2027.
Economía y recursos
La ficha del Ministerio de Asuntos Exteriores español de julio de 2026 describe una economía que crece deprisa y desde muy abajo: un 9,2 % en 2025 según el Fondo Monetario Internacional, con una renta por habitante de 1.910 dólares en 2024 y una inflación del 13,2 %. El Banco Mundial es más severo y sitúa el producto interior bruto por habitante en 979 dólares, con la pobreza al alza del 27 % al 32 % entre 2016 y 2021 y quince millones de personas dependientes de la ayuda alimentaria. La moneda es el bir etíope; en julio de 2026 el cambio rondaba los 183 bir por euro.
La agricultura aporta cerca de un tercio del producto y emplea al 70 % de la población activa. El café es el principal generador de divisas, seguido del oro, el sésamo, el khat, la horticultura y el ganado. Las exportaciones sumaron 3.300 millones de dólares en 2024 frente a 8.000 millones de importaciones, desequilibrio que explica la fragilidad externa. En diciembre de 2023 el país incurrió en impago de deuda y en julio de 2024 acordó un programa con el Fondo Monetario Internacional que llevó a liberalizar el tipo de cambio. El gran proyecto nacional es la Gran Presa del Renacimiento sobre el Nilo Azul, la mayor de África y fuente permanente de tensión con Egipto.
Sociedad: idiomas, religión y cultura
Etiopía es el segundo país más poblado de África: 128,7 millones de habitantes en 2023 según el Ministerio de Asuntos Exteriores español y 135,9 millones en 2025 según el Banco Mundial. El amárico es la lengua oficial entre cerca de setenta lenguas; desde febrero de 2020 el oromo, el somalí, el tigriña y el afar son lenguas de trabajo federales. El inglés, sin rango oficial, es lo que se encuentra en la carretera; el amárico abre puertas en cualquier región.
Wikipedia da para 2020 un 61,9 % de cristianos y un 35,9 % de musulmanes (67,3 % y 31,3 % para 2016), con la Iglesia ortodoxa Tewahedo en el 43,8 %. El censo de 2007 daba un 34,5 % de oromo, un 26,9 % de amhara y cerca de un 6 % de somalíes y de tigriños. Hay doce sitios del Patrimonio Mundial, entre ellos Lalibela, Gondar, Harar Jugol y el bajo valle del Omo. La mesa gira en torno a la injera de tef, y aquí nació el café.
Conviene vestir con discreción y descalzarse y cubrirse hombros y rodillas en los templos. Pedir permiso antes de fotografiar, sobre todo en el Omo. El ramadán de 2027 empieza hacia el 8 de febrero: en zonas musulmanas como Harar no se come ni bebe en público de día. El alcohol es legal y corriente, pero conviene moderarlo en barrios musulmanes.