Eritrea
La estación Fiat Tagliero · David Stanley · CC BY 2.0
HISTORIA Y CONTEXTO · ERITREA

Historia de Eritrea

Orígenes, colonización, independencia y situación actual — para leer o escuchar durante el viaje.

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Eritrea es un país del Cuerno de África nacido de la guerra más larga del continente. Colonia italiana entre 1890 y 1941, administrada después por los británicos y federada con Etiopía en 1952, vio anulada esa federación en 1962 y libró treinta años de guerra hasta entrar en Asmara en mayo de 1991. El referéndum de abril de 1993 selló la independencia con un 99,83 % de votos a favor, y desde entonces gobierna el mismo hombre, Isaias Afewerki, sin elecciones ni constitución en vigor. La guerra de 1998-2000 con Etiopía y la clausura de la prensa en 2001 consolidaron un Estado militarizado que Freedom House puntúa con 3 sobre 100 y Reporteros Sin Fronteras sitúa el último del mundo.

Orígenes y reinos anteriores a la colonización

El territorio que hoy ocupa Eritrea forma parte de uno de los corredores más antiguos de intercambio entre África y la península arábiga. Entre los siglos I y II de nuestra era floreció allí el reino de Aksum, que adoptó el cristianismo poco después de su fundación y convirtió el puerto de Adulis, en la costa del mar Rojo, en una de las grandes escalas comerciales de la Antigüedad tardía. La Enciclopedia Británica sitúa esta región dentro del núcleo aksumita, del que procede la matriz cultural y religiosa que todavía comparten las tierras altas eritreas y el norte de Etiopía.

Tras la decadencia de Aksum, las mesetas quedaron organizadas en entidades propias. La Wikipedia en español menciona el reino de Medri Bahri —literalmente «tierra del mar»— y la república campesina de Hamasien como las formaciones que articularon las tierras altas durante el periodo medieval. La franja costera siguió otro camino: en el siglo XVI los otomanos conquistaron partes del litoral eritreo y establecieron su autoridad sobre Massawa, y en el siglo XIX fue Egipto quien invadió y administró esas mismas zonas. De esa doble herencia —cristiana y de montaña en el interior, musulmana y de puerto en la costa— procede la división que ha marcado la historia moderna del país.

Colonización

La colonización eritrea fue obra de Italia, que llegó tarde al reparto africano y buscó en el mar Rojo su puerta de entrada. Según la Wikipedia en español, Italia tomó posesión de Assab en 1882 —oficialmente el 5 de julio— y ocupó Massawa en 1885, tras la retirada egipcia. En 1890 declaró formalmente Eritrea colonia suya, fecha que también recoge la Británica. La expansión hacia el interior chocó con el Imperio etíope y se detuvo en seco en la batalla de Adua (1896), después de la cual Italia reconoció la independencia etíope en el Tratado de Paz de Addis Abeba y se conformó con consolidar la colonia.

Lo que Italia dejó fue, sobre todo, infraestructura y ciudad. El ferrocarril de vía estrecha de 950 milímetros se construyó entre 1887 y 1932: arrancó en Massawa, alcanzó Asmara en 1911 y llegó a sumar 337 kilómetros, con 65 puentes y 39 túneles en el solo tramo de la costa a la capital. Asmara se reconstruyó como escaparate del racionalismo italiano entre 1893 y 1941. La aventura colonial se amplió con la guerra de 1935-1936 y el África Oriental Italiana, y terminó en 1941, cuando el Imperio británico conquistó el territorio y lo administró durante la década siguiente.

Independencia y construcción del Estado

La suerte de Eritrea se decidió en Naciones Unidas. La Resolución 390A de la Asamblea General, de 2 de diciembre de 1950, estableció una federación con Etiopía que entró en vigor en 1952. Casi de inmediato, según la Wikipedia en inglés, los derechos reconocidos a Eritrea empezaron a recortarse o vulnerarse, hasta que en 1962 el emperador Haile Selassie disolvió unilateralmente el parlamento eritreo y anexionó el territorio como una provincia más.

La respuesta fue la lucha armada. El Frente de Liberación Eritreo inició las operaciones militares en 1961, y el Frente Popular de Liberación de Eritrea, fundado en 1972, acabó imponiéndose como fuerza dominante. Fueron treinta años de guerra contra el régimen imperial primero y contra la junta militar del Derg después; la retirada del apoyo soviético a Etiopía a finales de los ochenta inclinó la balanza. Los combatientes entraron en Asmara el 24 de mayo de 1991.

El referéndum supervisado internacionalmente se celebró del 23 al 25 de abril de 1993 y arrojó un 99,83 % a favor de la independencia, proclamada el 24 de mayo de ese año con Isaias Afewerki como presidente. España estableció relaciones diplomáticas con el nuevo Estado el 5 de octubre de 1993. En mayo de 1997 se aprobó una constitución que, según la ficha del Ministerio de Asuntos Exteriores español, todavía no ha entrado en vigor.

Historia reciente (2000-2026)

La década de los noventa terminó en guerra. El conflicto fronterizo de 1998-2000 con Etiopía, desencadenado por la localidad de Badme, se cerró con el Acuerdo de Argel de diciembre de 2000 y una misión de paz de Naciones Unidas. Una comisión internacional delimitó la frontera en 2002, pero, según la ficha del Ministerio de Asuntos Exteriores (enero de 2026), Etiopía siguió ocupando Badme y ese contencioso continúa siendo uno de los obstáculos para normalizar las relaciones.

Hacia dentro, el giro llegó en septiembre de 2001: la detención del grupo reformista conocido como G-15 fue acompañada del cierre de todos los medios independientes. Reporteros Sin Fronteras data ahí «la transición a la dictadura» y recuerda que el periodista sueco-eritreo Dawit Isaak sigue incomunicado desde entonces, sin juicio. Las elecciones previstas para diciembre de 2001 se aplazaron sin fecha. El servicio nacional, legalmente de dieciocho meses, se volvió indefinido: Human Rights Watch afirma que la mayoría sirve años, y algunos décadas.

El 9 de julio de 2018, tras la cumbre de Abiy Ahmed en Asmara, ambos países firmaron una declaración conjunta de paz. El deshielo duró poco: desde noviembre de 2020 las fuerzas eritreas combatieron en la guerra de Tigray —se las acusa de la matanza de Axum de finales de ese mes—, no fueron parte del acuerdo de Pretoria de noviembre de 2022 y siguieron ocupando zonas del norte etíope.

Política y gobierno en 2026

A fecha de septiembre de 2026, y según la ficha país del Ministerio de Asuntos Exteriores español (enero de 2026), el jefe de Estado y de Gobierno es Isaias Afewerki, nacido en 1946, presidente desde 1993; llegó al poder al frente del movimiento independentista que derrotó a Etiopía en 1991, no mediante elecciones. Eritrea es formalmente una república unitaria de seis regiones, pero en la práctica funciona como un régimen autoritario de partido único: el Frente Popular para la Democracia y la Justicia es el único partido legal, la constitución de 1997 nunca entró en vigor, la asamblea de 150 diputados la componen solo miembros del partido y las elecciones de diciembre de 2001 se aplazaron sin fecha. Human Rights Watch añade que el legislativo no se reúne desde 2010.

No es, por tanto, una democracia ni una democracia limitada. Freedom House, en Freedom in the World 2025, lo clasifica como «Not Free» con 3 puntos sobre 100 —1 sobre 40 en derechos políticos y 2 sobre 60 en libertades civiles— y lo describe como «un Estado autoritario militarizado que no ha celebrado elecciones nacionales desde la independencia». Reporteros Sin Fronteras lo sitúa en el puesto 180 de 180 de su índice de 2025, con 11,32 puntos y catorce periodistas y trabajadores de medios detenidos. Con España las relaciones son buenas pero de perfil modesto, con embajador residente en Jartum.

Economía y recursos

La economía eritrea descansa en tres patas desiguales: la minería, la agricultura de subsistencia y el dinero que llega de fuera. Según la ficha del Ministerio de Asuntos Exteriores (enero de 2026), las principales exportaciones de 2021 fueron zinc (39,9 %), cobre (31,3 %) y oro (27 %), es decir, prácticamente todo mineral. La agricultura, en cambio, ocupa al 80 % de la población activa pero solo aportaba el 12,1 % del producto interior bruto en 2017, frente al 29,5 % de la industria y el 58,5 % de los servicios. La pesca y los puertos de Massawa y Assab completan el cuadro.

La moneda es el nakfa (ERN); el mismo documento daba un cambio de 1 euro por 17,06 nakfas en abril de 2025. Las tarjetas de crédito extranjeras no se aceptan en ningún punto del país. La dependencia exterior es estructural: el Ministerio cifra las remesas de la diáspora en torno al 30 % del producto interior bruto, una proporción altísima que se explica por el éxodo de población. El Banco Mundial refleja la opacidad estadística del país: su último dato completo de renta per cápita es de 2011, unos 690 dólares, y muchos indicadores figuran sin datos. El acceso a la electricidad era del 55,3 % en 2024 y los usuarios de internet, del 14 % en 2020.

Sociedad: idiomas, religión y cultura

Sin censo, las cifras bailan: el Ministerio de Asuntos Exteriores da 3,5 millones de habitantes (2024) y el Banco Mundial 3,6 millones (2025). Asmara ronda los 713.000. El Ministerio señala como idiomas oficiales el tigriña, el árabe y el inglés; la Wikipedia en inglés matiza que hay nueve lenguas nacionales en pie de igualdad y que esos tres son lenguas de trabajo de hecho. El tigriña sirve en las tierras altas y el árabe en la costa.

En religión las fuentes divergen: el Ministerio da aproximadamente un 45 % de cristianos coptos, un 45 % de musulmanes y un 10 % de creencias tradicionales, y la Wikipedia en español un 62,9 % de ortodoxos y un 36,2 % de suníes. Dos tercios de la población son tigriña y tigré. Se come injera de teff con guisos de berbere y la ceremonia del café es un ritual social. Asmara es Patrimonio de la Humanidad desde 2017 por su urbanismo modernista, y el ferrocarril hasta Massawa aún mueve locomotoras de vapor de los años treinta.

Conviene vestir con discreción, hombros y rodillas cubiertos, en iglesias y mezquitas por igual. Está prohibido fotografiar instalaciones militares, puentes, puertos y edificios oficiales. En ramadán —que en 2027 empieza en torno al 8 de febrero— es cortés no comer ni beber en público de día en zonas musulmanas; el alcohol es normal en las tierras altas cristianas.

Fuentes y para profundizar