Costa de Marfil fue durante décadas el «milagro» de África Occidental: bajo Félix Houphouët-Boigny, que gobernó treinta y tres años desde la independencia de 1960, el cacao y el café multiplicaron por doce el PIB y atrajeron a millones de inmigrantes. Su muerte en 1993 abrió una crisis de identidad nacional en torno a la «ivoirité» que desembocó en un golpe de Estado y en dos guerras civiles, cerradas con la caída de Laurent Gbagbo en 2011. Desde entonces gobierna Alassane Ouattara, reelegido en octubre de 2025 para un cuarto mandato con los principales opositores excluidos de las urnas. Es el primer productor mundial de cacao, con cerca de la mitad de la cosecha global, y el país más próspero del África francófona occidental.
Orígenes y reinos anteriores a la colonización
Antes de la llegada de los europeos, el territorio estaba organizado en reinos y jefaturas de tres mundos distintos. En el norte, la sabana pertenecía a la órbita de las rutas transaharianas: Kong se convirtió a comienzos del siglo XVIII en un centro islámico y comercial bajo Seku Watara, y el reino de Gyaman se había formado hacia 1690. De aquella herencia quedan las mezquitas de estilo sudanés del norte del país, hechas de tierra y madera, que la UNESCO inscribió en 2021.
En el centro se asentó el reino baulé, fundado por migrantes akan que huían de la expansión asante desde la actual Ghana y que levantaron estructuras políticas centralizadas, aunque acabaron fragmentándose. El oeste y el sur forestales eran territorio de pueblos kru y mandé del sur, organizados en unidades más pequeñas y sin poder centralizado. Esa geografía triple —sabana musulmana y comerciante al norte, reinos akan en el centro, bosque al oeste— sigue explicando la política marfileña. Los franceses tocaron la costa muy pronto, con un primer establecimiento en Assinie en 1687, pero durante dos siglos el interior siguió siendo asunto de los reinos africanos.
Colonización
La ocupación efectiva llegó tarde y deprisa. Tras la Conferencia de Berlín de 1885, exploradores franceses como Louis Gustave Binger firmaron tratados que establecieron protectorados, y el 10 de marzo de 1893 Costa de Marfil se convirtió oficialmente en colonia francesa, más tarde integrada en el África Occidental Francesa. La resistencia más seria fue la de Samori Touré, que combatió la expansión francesa hasta su captura en 1898.
El régimen colonial se sostuvo sobre tres cargas: el impuesto de capitación, el trabajo forzado y el code de l'indigénat, un ordenamiento jurídico aparte para los africanos. Sobre esa base Francia montó una colonia de plantación de café, cacao y madera, con Grand-Bassam como primer gran puerto colonial, hoy inscrito en la lista del Patrimonio Mundial.
La salida del sistema la encabezó un plantador y médico baulé, Félix Houphouët-Boigny, que fundó en 1944 el Syndicat Agricole Africain para defender a los agricultores africanos frente a los colonos europeos. Su mayor éxito legislativo fue la ley que lleva su nombre, de 1946, que abolió el trabajo forzado en las colonias francesas, descrito como el rasgo más odiado del dominio francés. La ley marco Defferre de 1956 transfirió competencias a los gobiernos territoriales y el país fue autónomo en diciembre de 1958.
Independencia y construcción del Estado
Costa de Marfil accedió a la independencia el 7 de agosto de 1960 con Houphouët-Boigny de primer presidente. Gobernó hasta su muerte, en 1993: treinta y tres años de presidencialismo fuerte y partido único, el PDCI, consolidado desde 1963, con relaciones estrechísimas con París. El llamado milagro marfileño se apoyó en la planificación, el vínculo con Francia y el café y el cacao: entre 1960 y 1978 el PIB se multiplicó por doce, con crecimientos del once o el doce por ciento anual, y atrajo una inmigración masiva desde los países vecinos. En 1978 superó a Ghana como primer productor mundial de cacao.
El milagro se agotó ese mismo año. La caída de los precios internacionales del café y del cacao provocó una crisis grave: entre 1980 y 1982 el país perdió más de 700.000 millones de francos CFA y en 1987 la deuda externa llegaba a 10.000 millones de dólares. Fue entonces cuando Houphouët-Boigny trasladó la capital, en 1983, a su aldea natal, Yamusukro, y la coronó con la basílica de Nuestra Señora de la Paz, consagrada por Juan Pablo II el 10 de septiembre de 1990: 158 metros de altura y sitio para 18.000 fieles, la iglesia más grande del mundo según el Guinness, con un coste estimado entre 175 y 600 millones de dólares. El papa puso como condición que se levantara también un hospital, terminado en 2015.
Historia reciente (2000–2026)
La muerte del fundador abrió la disputa por la sucesión: Henri Konan Bédié impulsó la «ivoirité» para excluir a sus rivales, en especial a Alassane Ouattara, economista del FMI y ex primer ministro: la ley electoral de 1995 exigió que ambos progenitores fueran marfileños y el padre de Ouattara era burkinés. Tras el golpe militar de 1999, Laurent Gbagbo llegó a la presidencia en octubre de 2000.
El 19 de septiembre de 2002 un levantamiento rebelde atacó tres ciudades, Abiyán incluida, y partió el país en dos: las Forces Nouvelles de Guillaume Soro controlaron el norte musulmán y el gobierno el sur, con una zona tampón vigilada por la francesa operación Licorne y los cascos azules de la ONUCI. Hubo unos 750.000 desplazados y ocho acuerdos de paz, de Linas-Marcoussis (2003) a Uagadugú (2007).
La segunda guerra estalló al negarse Gbagbo a aceptar la derrota de noviembre de 2010 frente a Ouattara: ambos juraron el cargo y el conflicto dejó unos 3.000 muertos, más de 100.000 refugiados y la matanza de Duékoué. Gbagbo fue detenido el 11 de abril de 2011 y enviado a la Corte Penal Internacional, que lo absolvió en enero de 2019 y ratificó la absolución en 2021. Desde 2020 pesa además la amenaza yihadista del Sahel: un ataque del JNIM mató a catorce soldados en Kafolo, aunque el MAEC sostiene que no hay incidentes terroristas desde 2022.
Política y gobierno en 2026
Según la ficha del MAEC de abril de 2026, Costa de Marfil es una república presidencialista. Alassane Ouattara es jefe del Estado desde 2011, con Tiémoko Meyliet Koné de vicepresidente y Robert Beugré Mambé de primer ministro desde octubre de 2023. Fue reelegido en 2015 con casi el 84 %, en 2020 con el 95,31 % —un tercer mandato que justificó en la constitución de 2016 y que la oposición boicoteó— y el 25 de octubre de 2025 con el 89,77 % y una participación del 50,10 %. Tomó posesión el 8 de diciembre y, tras la repetición de la votación en dos circunscripciones, la composición comunicada a la Unión Interparlamentaria atribuye 196 de los 255 escaños a su coalición, el RHDP.
Freedom House lo clasifica como «Partly Free» (parcialmente libre), con 49 puntos sobre 100 en Freedom in the World 2025: diecinueve sobre cuarenta en derechos políticos y treinta sobre sesenta en libertades civiles. Es una democracia muy limitada: hay elecciones y una oposición activa, pero los principales rivales —Tidjane Thiam, borrado del censo electoral, y el propio Gbagbo— quedaron fuera de las papeletas de 2025, y la judicatura, la transparencia y el control de la corrupción reciben un uno sobre cuatro; la libertad de prensa, un dos. España mantiene relaciones desde 1964 y considera al país socio prioritario en África Occidental: es el séptimo del mundo y el primero de África en número de estudiantes de español, unos 800.000.
Economía y recursos
Es la economía más grande del África occidental francófona. El MAEC (abril de 2026) cifra el PIB en 99.200 millones de dólares y la renta per cápita en 3.016 dólares para 2025, con un crecimiento del 6,4 %. El Banco Mundial, en su página actualizada el 9 de septiembre de 2026, da un 6,3 % en 2024 y en 2025, una inflación casi nula (0,1 %) y el mayor superávit comercial de la década. La moneda es el franco CFA, ligado al euro.
Las exportaciones son cacao y derivados (32,5 %), petróleo y derivados (14,1 %), oro (11,3 %), caucho natural (10,8 %) y anacardo (7,2 %). El cacao lo explica casi todo: Costa de Marfil superó a Ghana en 1978 y hoy produce alrededor del 45 % del cacao mundial, en manos sobre todo de pequeños agricultores con parcelas de una a tres hectáreas. Con Ghana acordó un sobreprecio de 400 dólares por tonelada destinado a garantizar un ingreso digno, que las organizaciones de derechos humanos denuncian que no siempre se paga. Los dos problemas graves del sector son el trabajo infantil —se calculan unos dos millones de niños trabajando en el cacao de África Occidental, sobre todo aquí y en Ghana— y la deforestación: más del 80 % de los bosques marfileños desapareció entre 1960 y 2010, con el cacao como primer motor.
Sociedad: idiomas, religión y cultura
El país ronda los 30 millones de habitantes (30,4 según el MAEC para 2025). Cerca del veinte por ciento son migrantes de los países vecinos, herencia del milagro económico y raíz de la «ivoirité». Los grandes conjuntos de población son los akan (42,1 %), los voltaicos o gur (17,6 %), los mandé del norte (16,5 %) y los kru (11 %). El idioma oficial es el francés, con el que uno se entiende en carretera, pero se hablan unas setenta y ocho lenguas y el dioula es la lengua vehicular del comercio; también cuentan el baulé, el beté y el agni.
Según el censo de 2021, el 42,5 % es musulmán, el 39,8 % cristiano (17 % católico), el 12,6 % no tiene religión y el 2,2 % sigue cultos tradicionales. Se come attiéké, el cuscús de mandioca, kedjenou de pollo y alloco, plátano frito, casi siempre en un maquis; la música es el coupé-décalé y el zouglou. Hay cinco bienes del Patrimonio Mundial: los parques de Comoé y Taï, la reserva del monte Nimba, Grand-Bassam y las mezquitas sudanesas del norte. Para el viajero: vestir con discreción y respetar el ramadán en el norte, pedir permiso antes de fotografiar a personas y no fotografiar nunca militares ni puestos de control. El alcohol es corriente en el sur, pero conviene moderarse en el norte.